Llegamos
el viernes a las 17:30 con mi compañero Horacio Cano, Vero mi compañera
de vida y mi alumna Alejandrina que nos vinieron a acompañar, armamos
las carpas luchando con el viento caliente que se levanta al atardecer, preparamos
las bicis y el equipo para la carrera. La charla de rigor de Sebastián
Tagle, con las últimas observaciones, a comer y a dormir.
A las 5:45 nos levantamos,
hay que cambiarse, desayunar e higienizarse. A las 7:00 salimos con las bicis,
3 km hasta la largada en las puertas de Talampaya, nos comenzamos a acercar
a los inmensos paredones que como gigantes portones nos van encerrando, 8:15
largamos corriendo por la arena, salimos al desierto, más adelante llegamos
a las formaciones rocosas que forman imágenes increíbles, el monje,
la torre, la tortuga. Nos juntamos con Romina y Flopi y compartimos la corrida,
charlando un poco y haciendo chistes, luego de 11 km, llegamos al parque cerrado
a buscar las bicicletas y salimos por un río seco (17 km), tratando de
buscar las zonas mas firmes, ya que cuando tocábamos los manchones de
arena seca, o nos caíamos o teníamos que matarnos haciendo fuerza,
para no enterrarnos en lo mas hondo del desierto. En el kilómetro 10
llegamos al puesto de hidratación, agüita fría para descender
la temperatura interna que por lo pronto estaba bastante alta ya que al mojarnos
la cabeza nos corría un escalofrío por todo el cuerpo.
A seguir sufriendo con la arena y el calor, llegamos al parque cerrado donde
dejamos las bicis y empezamos a correr (4Km), ingresando en los cajones, oasis
en el medio del desierto, paredes que nos daban sombra y una vertiente de agua
clara, gracias a la cual crecían plantas verdes, increíble!!!.
Llegamos al puesto del control y vuelta al desierto, agarramos las bicis y a
darle los últimos 17 km. A 5 km de la llegada, pisé el palito
pero con un cacho de espina impresionante, la corto y como veo que la rueda
sigue inflada, sigo pedaleando. A un kilómetro de la llegada Horacio
empieza a putear como loco, lo cual me hacia matar de la risa, aunque ya no
daba más, pero por suerte divisamos la llegada. Los últimos 20
metros eran de arena suelta, donde según nos contaron después
todos se bajaban y llegaban caminando, pero nosotros de puro cancheros pedaleamos
sin parar, hasta que se me clavó la bici a un metro de la llegada y por
bajar de golpe se me acalambró el cuadriceps, tenia que dar un paso para
llegar pero no me podía mover, todos me gritaban dale, pero yo inmóvil
hasta que luego de un rato pude pasar. Llegamos en el 6º puesto en la general
y 5º en caballeros. Muy divertida la acnédota, pero yo estaba destruido,
un poco descompesado, gracias a la info del encargado de Gatorade, crucé
al Jardín Botánico, en donde me pude tirar a la sombra y poco
a poco ir recuperándome.
Luego de un rato nos fuimos caminando al campamento, donde comimos, nos higienizamos
un poco, charlamos con los demás equipos que iban llegando e hicimos
una siestita en la galería de la confitería ya que era imposible
ir a las carpas, con el calor que hacía. No paramos de hidratar, teníamos
la panza llena de líquido, pero se nos secaba la garganta y el cuerpo
nos pedía más y más líquido. A la tarde tuvimos
la charla, cenamos, arreglamos las cámaras pinchadas y a dormir.
4:30 suena el reloj, noche espectacular. Hay que levantarse, desayunar, desarmar
el campamento y trasladarse a 40 kilómetros para la largada de la segunda
etapa, en la entrada
a la ciudad perdida. LLegamos a las 7 Hs., preparamos las bicis y las caramañolas
e hidratadores y nos alistamos en la largada. Todos preparados, cuenta regresiva
y arrancamos para cubrir los 13 km de bicicleta, de nuevo por un río
seco, pero por suerte esta vez mucho mas firme, aunque en algunos zonas nos
trabábamos en la arena.
A la distancia veo el parque cerrado, pero esta distracción me hace nuevamente
pisar el palito, obvio con espima y todo, así que dejé la bici
en el parque cerrado sabiendo que a la vuelta tendría que cambiar la
cámara.
Comenzamos a correr, esto es lo nuestro, poco a poco vamos dando alcance a todos
los equipos, llegamos a los canales, paisaje inigualable, un río seco,
flanqueado por paredones, colorados y pardos, con mil formas distintas y ventanas
hechas por la erosión del viento y el agua. En una curva nos encontramos
con la Lauchi y Flopy, que como siempre en la bici nos habían afanado,
corrimos juntos un largo trecho, apoyándonos y divirtiéndonos
mucho. Subimos por una grieta hasta la cima de la meseta, donde de repente a
la derecha, una vista imperdible que nos puso la piel de gallina, miles de montículos
que asemejaban una verdadera ciudad perdida.
Acá le digo a mi compañero que yo voy adelantando para cambiar
la cámara de la mtb, paso a varios equipos, de repente miro para atrás
y lo veo a Horacito que viene prendido. LLegamos al parque cerrado en 4º
lugar, pero al cambiar la cubierta, entre equivocaciones y gastadas con Horacio,
perdimos 3 puestos.
Largamos a full para ver si podíamos alcanzar a alguien (bastante difícil
ya que no es mi especialidad), en un momento me caigo, y el guacho de mi compañero
me pasa cagándose de risa, claro hasta acá el único que
probaba el piso era él.
En un momento me dice que se veía la llegada y que metamos pata para
ganar algunos minutos, para sacarle diferencia a Alex Foresti que era el equipo
con quien estábamos peleando el 5º puesto.
Puse todos los cambios y a darle, luego de un rato se ve nuevamente la llegada
y faltaba un montón, en ese momento palmé, no podía acelerar
y lo reputeaba por haberme echo apurar antes de tiempo. Igual de a poco llegamos
en el 7º puesto, muy contentos y mirando el reloj. Al equipo de Alex le
sacamos 12 minutos, pero el día anterior nos había sacado 14,
por los que nos ganaron por 2 minutos.
Nuestra clasificación final fue 6º en la general y 5º en caballeros.
Un carrerón y una experiencia única.
Le agradecemos al Club de corredores y a Quilmes por organizar estas carreras
y darnos la oportunidad de conocer nuevos amigos y nuevos lugares, que de otra
forma sería muy difícil de recorrer.
Suerte, buena corrida y hasta la próxima.
Profesor Marcelo Perotti.
marceloperotti@correrayuda.com