TETRATLON DE CHAPELCO 2004

 

 

EL TETRA, UNA ENFERMEDAD INCURABLE.

 

Crónica por Fertobal (nº 232)

 

 

Sábado 4/09/04 8.00 a.m. :  Una vez cargado el auto, a bordo la flia, atado el remo y asegurada la bici, pusimos proa hacia mi lugar favorito en la Argentina : San Martín de los Andes aunque porqué no aclararlo, hacia mi obsesión favorita : el cerro Chapelco.

Esta vez  (la 4º o 5º, no recuerdo bien), para cumplir un sueño : correr el TETRA 2004.

Gracias a Dios, en Chacharramendi las cosas estaban como las había dejado Bianchino.

Una vez chequeado esto, seguimos sin pausa nuestro viaje hasta El Chocón, donde per-noctamos. Cena, camita, bañito, desayuno..... y a seguir.

Tal como lo tenía planificado (las malas lenguas dicen que tengo flor de oj...) comenzó a nevar mientras atravesábamos Junín de los Andes, con lo cual disfrutamos de viajar los últimos 40 kms bajo la mayor nevada de la temporada, sin inconvenientes en la ruta, y llegando a San Martín con un paisaje totalmente blanco en los cerros, los tejados y las calles.

Lo que siguió hasta el día sábado fue una sucesión de días espectaculares con nieve polvo los primeros días, y sol a full, combinado con bajadas de punta a punta del cerro a morir (disculpen los envidiosos, por algo es mi lugar favorito).

 

Viernes 10/09/04, 20.30 hs : Convocados para la charla previa y para manducar los fideos de rigor en  el comedor de la tropa, concurrimos con el amigo Hugo Cebrowski, quien dio cuenta rápidamente del kilo de fideos correspondiente, estableciendo una nueva marca en la especialidad.

Llamó la atención de los presentes la oscuridad reinante en el regimiento, no sabemos si es por cuestiones de seguridad ante la presencia de algún enemigo oculto, o si es para que los giles visitantes como yo se tropiecen en alguna escalera (cosa que por supuesto ocurrió).

Llegado a la cabaña, me puse a preparar las cosas para el día siguiente, ya que no tenía que olvidarme nada. Por suerte terminé en apenas 4 horas, y me fui a dormir. Como cabe suponer, me desperté 3 veces para agregar cosas que me estaba olvidando.

 

Sábado 11/09/04, 10.30 hs : Luego de cumplir con todos los preparativos en los parques cerrados de bici y kayak, me encuentro subiendo hacia el lugar de partida con Hugo y 2 tetras más en la silla cuádruple. De la charla resultante, bajamos los 4 de la silla con la misma sensación : estábamos c... en las patas.

Finalmente, a las 11.00 desde la parte superior del cerro Teta, soy partícipe de la largada más espectacular de todas las carreras que hice, tablas al hombro subimos la interminable cuesta que nos separaba de la cima del cerro. Una vez arriba,  pequeña travesía, y a mandarnos con toda la fe hacia la otra cara del cerro, con nieve honda y un desparramo impresionante de esquiadores enterrados tratando de salir del brete.

Luego de larga travesía, comienza el ascenso con tablas al hombro nuevamente hasta que damos la vuelta al cerro Mocho, recorremos un pequeño tramo esquiable, y otra vez a cargar las tablas en subida. Esta vez, terminada la cuesta, comenzaba ya la rápida travesía hacia la silla cuádruple para subir al cerro Teta, desde allí caminar hasta el Filo y.... al fin, bajada con mucha prisa y sin pausa hacia el parque cerrado de la base.

Rápidamente, tomé mi bici y entré a darle duro por el camino viejo al cerro, con la ley de gravedad a mi favor. Bueno, lo de a mi favor es un decir, ya que me había embalado tanto que en la segunda curva cerrada, mi bici y yo no nos pusimos de acuerdo, ya que yo quería frenar y ella no. Conclusión : flor de palo.

Retomada la marcha en descenso, conciliamos con la bici y decidimos no acelerarnos tanto, para qué, si al fin y al cabo valía la pena disfrutar un poco del paisaje.

Como todo lo bueno termina alguna vez, empezó la subida, una subida constante de 8 kms, que para los que nacimos en la llanura pampeana nos resultó algo así como una escalera al cielo. Pero.... como todo lo que sube al final baja, comenzaron los 8 kms en bajada por la ruta asfaltada hacia SMA, en la cual todos los defectos se disimulan en la vertiginosa pedaleada de hasta 57 kms por hora en el caso de este humilde relator.

Vuelta a subir los 8 kms, vuelta a bajar los 8 kms, para llegar a la playa donde tomé un respiro, un power gel, me cambié parsimoniosamente, seguí el consejo de la genia de Marisol Ibáñez (algo entiende de esto) de elongar antes de abordar mi bote, y luego de todo ello me metí dentro del kayak donde me dediqué a dos actividades principales :

1) a remar sin pausa, y 2) a luchar por no acalambrarme las piernas que viajaban lo más relajadas posibles.

El punto 2) condicionó al 1) con lo cual decidí no esforzarme, remar más despacio, y tratar de llegar a la playa despacio pero sequito.

Este plácido paseo en kayak  llegó a su fin en lo que fue mi peor tramo de la carrera,  pero así y todo salí contento ya que sólo quedaba por delante la última etapa : los 16 kms de running.

La alegría se me empezó a terminar (junto con el aliento) luego de la larga trepada que me depositó en la bifurcación del camino hacia la casa de te. Por lo tanto, decidí caminar unos metros mientras me recuperaba (el aliento y la alegría)  tomando unos tragos de ginebra que llevaba en mi camel. Primer puesto de control, le entramos a las bananitas (las que quedaban estaban bien verdes por supuesto),  y a mandarnos al sendero. A continuación recorrimos kms de senderos entre bosques tapizados de nieve y vistas espectaculares hasta comenzar el descenso vertiginoso también atravesando senderos. A esta altura había una clara huella en la nieve, dibujada por los cientos de pies que pisaron antes que yo, con lo cual me dediqué a hundir los pies en el barro con gran entusiasmo y con gran velocidad (remember que estamos bajando). Como consecuencia lógica de tanto barro, entusiasmo y velocidad, apareció mi viejo amigo el descontrol, y ...

Una vez sacudido el excedente de barro y nieve de mi cabeza y pechera, y habiendo cumplido con mi promedio de 2 caídas por carrera, me dediqué a disfrutar del tramo final de la carrera. Más senderos, una barranca bastante agresiva para  los tobillos y salida a la ruta que bordea el lago Lácar. Primera vista de la ciudad desde la ruta y a darle duro hasta la meta.

El final tan anhelado, empujando a un compañero hasta la meta, y la felicidad sintetizada en una medallita.

 

CONCLUSIÓN

 

El título “UNA ENFERMEDAD INCURABLE”, se debe, y lo pude comprobar, a que una vez corrida esta carrera, genera una adicción que hace que estemos esperando que llegue la próxima.

Organización impecable, una onda impresionante por parte de todos los habitantes de SMA que te alientan y siguen la carrera hasta el final, y hacer lo que más nos gusta en uno de los lugares más maravillosos del país, hacen que sientas que se trata de algo más que una carrera.

 

A MIS AMIGOS DE CORRERAYUDA

 

Dos cosas :

1)      El año que viene, vengan los que puedan, esto es imperdible.

2)      Agradecimiento a Marcelo por lo que logró hacer con un alfeñique de 74 kgs en casi un año y medio.

 

FE DE ERRATAS

Donde dice “ginebra”, léase “gatorade”.