Relato de nuestra aventura en AXN Desafío de Los Volcanes
Luego de seis meses de
intensa preparación, hoy, miércoles 26 de febrero de 2005, estoy aquí esperando
el vuelo que, junto a mis compañeros del Southern Winds Aventura, nos llevará a
cumplir nuestro sueño tan ansiado: La AXN Desafío de Los Volcanes.
Todo es alegría,
nerviosismo y ansiedad, pero ya estamos volando rumbo a Bariloche, nuestro
primer destino.
Hugo, nuestro capitán
de equipo, y local en el vuelo habla con el piloto y nos permite a Laura y a mi
observar desde la cabina de mando el aterrizaje en Neuquén donde la visión que
obtengo es una nueva experiencia que se sumará a la colección de los próximos
días. Lo mismo sucede con el aterrizaje en Bariloche, donde Micky y Hugo hacen
lo propio.
Bariloche nos recibe
con un cielo completamente limpio pero mucho frío, por medio de un transfer nos dirigimos a la terminal de micros y
sacamos pasajes para San Martín de los Andes y las dos horas de espera las
dedicamos para dirigirnos a la playa del Nahuel Huapi y comenzar a disfrutar
del paisaje, con agua cristalina, cerros nevados bosques hasta el horizonte.
Nuestra hora de partir
y comenzamos a recorrer el camino acompañados primero por el río Limay y luego por el Meliquina donde sus aguas
transparentes dejan ver las piedras del fondo como un collage multicolor que
encienden nuestros sentidos.
Son las 17 hs y
arribamos a nuestro destino, bajamos en el camping del ACA, y armamos nuestra
carpa para pasar la noche, desde donde se puede ver el majestuoso pico del Volcán
Lanín con su cima eternamente blanca enmarcado por los cerros circundantes, y
esperar a nuestro equipo de apoyo el día siguiente. Hacemos un recorrido por la
ciudad, cena por medio, donde ya se puede ver el movimiento de los distintos equipos
con sus kayaks montados sobre sus camionetas, charlamos con algunos conocidos,
me encuentro con Flopy quien ofrece su amabilidad acostumbrada, cruzamos
algunas palabras y de vuelta en nuestro campamento nos abandonamos a nuestro
sueño reparador.
Jueves 27 y la mañana
nos sorprende con una fuerte helada, es muy difícil tomar coraje y salir de las
carpas debido a la baja temperatura, pero al hacerlo la visión del Lanín
completamente nevado nos da indicio de una fuerte nevada en la cumbre. Desayuno
por medio nos dedicamos a contactar la organización de la carrera para
concertar el turno de la revisión técnica y test, el cual nos es otorgado para
el viernes a las 09 am.
Al comunicarnos
telefónicamente con nuestro equipo de asistencia, nos cuentan que por unos
problemas en la carga de material estaban retrasados y arribarían
aproximadamente a las 20 hs. Nos dedicamos a revisar mentalmente todos los
elementos y comprar algunos medicamentos que nos faltaban para completar
nuestro botiquín.
A la hora prevista
llega nuestro vehículo, y explota el júbilo contenido por la expectativa y la
ansiedad, donde Santiago al volante de su Land Rover acompañado por Pablo y
Pato hacen el ingreso al camping e inmediatamente comenzamos la descarga para
verificar que todo este Ok para el día siguiente.
A las 7 am nos
levantamos para organizar todo y dirigirnos al regimiento de montaña donde se
llevará a cabo el test. Este queda a pocos kilómetros en las cercanías de San
Martín, así que el viaje es corto.
Una vez en su interior
nos envían a una barraca a la que debemos entrar con nuestras mochilas y
recorrer una a una las distintas mesas temáticas en la que se encuentran
integrantes de la organización y nos piden los elementos de seguridad en una,
nos hacen programar la radio VHF en otra, el médico nos espera para
controlarnos los elementos del botiquín y nos da una charla sobre el uso de
cada uno de ellos y como actuar en caso de emergencia. Luego debemos bajar los
kayaks y nos controlan todo el equipamiento y nos cuentan que se suspende el
test de auto rescate debido al frío del clima, y de ahí nos envían al test de
cuerdas donde tras unas consideraciones de último momento realizamos la prueba
de ascenso, que salió satisfactoria aunque al principio me puse un poco
nervioso y no podía subir, pero luego arranqué y todo salió bien.
Vamos a que nos
controlen los grampones, nos los hacen colocar y luego un test de orientación
donde don dan unas coordenadas y debemos encontrarlas.
Todo está Ok, vamos a
la mesa final donde nos entregan el kit y nos revisan la documentación y oh
surprise, mi cédula está vencida y no tengo otro documento, pero esto se
solucionaría mas tarde gracias a los oficios de mi entrenador Marcelo y amigo
Claudio en Baires.
Mediodía de viernes y
tenemos en nuestro poder las 14 cartas topográficas que nos guiarán el los
próximos días a través de nuestro recorrido, con Micky como navegador nos
dedicamos al trazado minucioso del camino, estimación de tiempos y provisiones
a llevar.
Sábado 29, y lo
dedicamos a los últimos preparativos, un día donde tratamos de estar lo mas
tranquilo posible aunque el nerviosismo y la expectativa se nota en todo el
plantel.
Tenemos la reunión
previa donde nos concentramos todos los equipos y el Guri Aznares da las
indicaciones necesarias, responde preguntas y presenta a sus asistentes.
Nos acostamos temprano,
en una noche donde es difícil conciliar el sueño.
Domingo 30
El gran día ha llegado.
Nos despertamos a las 6 de la mañana para levantar el campamento, desayunar y
dirigirnos por la ruta 23 con todo nuestro equipo a la largada simbólica que se
realiza en Junín de los Andes a las 10 am distante 41 km . En el trayecto nos
encontramos con otros equipos que hacen lo propio, y al llegar a nuestro
destino todo se encuentra preparado. El gran arco de salida y las camionetas
con sus trailers, cargados al máximo, encolumnadas una tras otra, forman una
fila de 10 cuadras con sus banderas ondeantes. Están los de perfil bajo con sus
miembros sentados y esperando el inicio, hasta los mas despreocupados y
extrovertidos como los brasileños que improvisan una batucada en medio de la
calle.
11:40 y la caravana se
pone en movimiento con la gente y las fuerzas vivas del pueblo en las calles saludándonos.
Nos dirigimos a una
parrilla en la periferia donde ingresamos y nos disponemos a recibir nuestro
almuerzo. Todas las mesas al aire libre, las últimas informaciones sobre el
clima, aprestos de último momento, confraternización con los demás equipos, y
se da la orden de partida.
Tomamos la ruta 61 con
rumbo noroeste hacia el lago Huechulafquen distante unos 23 km de camino por
momentos consolidado, por muchos otros de tierra, donde el polvo levantado por
la cantidad de vehículos en caravana hacen muy difícil la visibilidad. El río
Chimehuin nos acompaña en nuestro derrotero hacia el punto de partida. De
pronto en toda su magnificencia se nos muestra el espejo de agua que nos
servirá de camino enmarcado por los cerros y bosques interminables.
Momento de bajar las
embarcaciones, cargarlas con los elementos obligatorios, y de vestirnos para la
primera etapa.
Todo es febril,
adrenalina a full, Pablo, Pato y Santi en los detalles, suben y bajan la
barranca, la prensa tratando de tomar instantáneas, una cámara de video me
sigue mientras me visto y arreglo mi chaleco, público, amigos, es increíble que
nadie se choque.
Sobre la playa de arena
y piedras descansa la armada de 88 kayaks multicolor listos para la batalla. Y la
cuenta regresiva no se hace esperar.
A las 16 hs se da la
señal. Empujamos el kayak al agua, Hugo sube primero, yo después, las primeras
remadas para alejarnos de la costa, me acomodo la pollera de neoprene, todo
bajo control y comienza la gran aventura.
El sol brilla en todo
su esplendor, pero el viento sopla en contra con una intensidad considerable lo
que provoca una buena altura de olas que debemos cortar. Los primeros contactos
con el agua que nos pega de frente me da la pauta de lo importante que es la
protección de neoprene que cubre todo mi cuerpo.
Tal cual lo planeado
comenzamos con una remada pausada pero constante, lo que nos va dando una
consistencia y la vemos reflejada en el sobrepaso uno a uno de otros equipos,
ubicándonos en la posición 22.
Llegamos a nuestro
primer destino, el CPO (control de paso obligatorio) donde Laura debe bajarse y
entregar el pasaporte, pero al momento de quitarse el cubrecopkit una ola la
impacta e inunda su compartimiento. Tiempo de achicar el agua antes de poder
continuar, momento que es aprovechado por las embarcaciones que teníamos a
nuestras espaldas para pasarnos.
Resuelto el inconveniente, retomamos y nos damos cuenta que perdimos unos 12
puestos. Momento de zozobra pero nos impulsa a empujar mas y comenzamos a
sobrepasar de nuevo y avanzar hacia el frente.
El sol comienza a caer
y el clima hace sentir su rigor, el frío se siente hasta los huesos, tratamos
de navegar pegados a la costa al reparo de las innumerables bahías para
protegernos del viento. Nos encontramos con asombrados acampantes que nos
saludan al pasar, pescadores que nos desean suerte, y un amigo imperturbable
llamado Lanín nos vigila sobre nuestra derecha.
Realizamos nuestra
primer parada para alimentarnos y caminar un poco, pero el frío comenzaba a
hacer estragos en Laura y Hugo, que apenas pueden dejar de temblar para ingerir
alimentos, la penumbra de la noche nos esta invadiendo y junto a nosotros
amarra el equipo de Virginia Elizalde para descansar un poco. Nos damos mutuo
aliento y es nuestro momento de partir. Saludos mediante, nos adentramos en la
noche del lago rumbo al PC1 en el que nos espera gente de la organización, nos
bajamos, y un asistente tiene preparado te caliente que ofrece para calentarnos
y es muy bien recibido. Es necesario trotar un poco para movilizar los
músculos. Así que emprendemos nuestra búsqueda del PC2.
Comenzamos nuestra
navegación costera tras el efecto luciérnaga que producen los kayaks al tener
encendidas las luces estroboscópicas, pero Micky, aconseja cortar por el medio
del lago para seguir el mejor rumbo, y es una acertada decisión ya que
adelantamos a otros dos equipos y llegamos al PC ubicado casi en la angostura
que produce el Huechulafquen con el lago Paimún.
Firmado el pasaporte
comenzamos el trayecto hacia el PC 3 donde tenemos que adentrarnos en otra
angostura que se produce con el lago Epulafquen. El agua es muy calma al abrigo
del viento proveniente de Chile. En este lugar no descendemos y decidimos
continuar para mantener los músculos en movimiento.
De regreso por la
margen opuesta del Huechulafquen en busca del PC4 escucho un ruido fuerte en el
kayak de Laura y Micky. Se cortó la correa del timón. De ahí en mas la
navegación se hace difícil pues la corriente los empuja al medio del lago y es
arduo sostener el curso. Esto causa que nos separemos de la costa y pasemos de
largo el PC4. Debemos retomar y esto redunda en la pérdida de otros puestos.
Al llegar a la playa,
la situación es caótica, los chicos están al borde de la hipotermia, es difícil
articular palabra, las manos no responden, temo por Laura, trato de ayudar en
lo que puedo para sacar la comida, para que troten y no se enfríen mas, si bien
siento el frío el traje enterizo de neoprene con las botas y guantes de varios
milímetros de espesor hacen su trabajo. Sin poder mitigar mucho estos efectos
nos embarcamos para nuestro tramo final el PC5. Tenemos la corriente a favor,
lo que nos ayuda en nuestro humor e intento con mis ojos descubrir detrás de
cada roca las luces que nos indiquen el final de nuestra etapa.
De pronto por el camino
que bordea el lago vemos cuatro luces que se mueven en sentido contrario y nos
gritan palabras de aliento. Es otro equipo que había comenzado la etapa de
treeking. Minutos mas tarde, comenzamos a ver movimiento y luces y alguien que
nos pregunta el número de equipo desde una roca. Eran Pablo, Pato y Santiago,
nuestros asistentes!!! que nos estaban
esperando. Con las últimas fuerzas remamos hasta la orilla y allí se acerca
gente de la organización, junto a nuestro soporte que nos ayudan a bajar, nuestras
piernas no responden, parecemos ebrios luego de una noche de juerga. Y antes de
proseguir somos sometidos a un control de equipo reglamentario.
Es la 1 de la madrugada
y nos encaminan a la tienda (al decir nos encaminan es que nosotros mismos no
somos capaces de seguir ningún rumbo) que armaron los chicos para esperarnos y
nos reciben con un guiso increíble, nos ayudan a desvestirnos y a ponernos ropa
seca, de postre tenemos chocolate y mantecol. Es como el manjar de los dioses!!
Una vez repuestos y
alimentados empezamos a preparar los elementos obligatorios de la carrera. El
frío es muy intenso así que decido vestirme con la calza térmica debajo y la
calza gruesa sobre ésta, remera térmica, remera de dry fit, polar y campera
ansilta, guantes de polipropileno, guantes de polar, cuello de polar, gorro de
polar y la luz sobre la cabeza.
Nos calzamos las
mochilas y a la 1:50 am emprendemos nuestro treeking al PC6 por un camino que
bordea el lago al cual cruzan pequeños arroyos de deshielo sin dificultad para
vadearlos. A nuestra derecha tenemos el Huechulafquen donde podemos ver los
equipos que aún siguen remando y un equipo chileno nos sobrepasa en el treking
con un paso muy firme.
Tiempo después llegamos al arroyo que indica
la carta e intentamos ubicar al PC, pero no lo hallamos. Remontamos el río, nos
metemos en un mallín, pero nada, otro equipo se une a nosotros y comenzamos a
peinar el terreno para encontrarlo, y después de un buen tiempo lo ubicamos en
una hondonada, metido en su carpa y dentro de su bolsa de dormir. Micky se lo
quería comer, ya que ni se molestó en salir, y muchos otros le hacían el mismo
reclamo. Aprovechamos para comer algunos sandwichs, y coloco la bolsa de dormir
de Laura en mi mochila, ya que el peso la estaba tirando para atrás.
Una vez organizados
reanudamos la marcha que nos llevaría cuesta arriba entre rocas y vegetación
abundante, desde los 900 msnm del lago hasta los 1550 del PC7. Las primeras
luces del día comienzan a cambiar el panorama, pero el sueño es evidente. Es
muy difícil caminar en estas circunstancias y decidimos parar una hora para
dormir, en este punto nos pasan algunos equipos que siguen su ascenso hacia el
PC. Luego continuamos y lo encontramos sin problemas. Nos indica que debemos
seguir una senda que nos llevará hacia
la cierra de La Ventana rumbo al PC8.
Vamos bordeando un
arroyo donde pisamos el musgo y la vegetación escarchada, indicativo de la
temperatura reinante. Mas adelante el curso de agua se encajona formando la
garganta del diablo con desniveles de 12 metros entre salto y salto. Debemos
crear nuestra propia senda por una zona con mucho lodazal, pero es la única
forma de avanzar. De pronto desembocamos en una planicie sin árboles donde el
viento azota sin piedad, pero increíblemente está sembrada de flores
multicolor, agrupadas en cúmulos como para protegerse unas de otras. La debemos
atravesar para comenzar nuestro descenso a través del Bosque de Arboles Caídos.
Al ingresar da la
impresión que estamos en un mundo de gigantes. Inmensos troncos caídos de
alerces por doquier creando formas fantasmales y caprichosas, y los que están
en pié forman su copa a unos 20 metros por encima de nuestras cabezas. En este
trayecto debemos vadear algunos arroyos que por suerte poseen grandes piedras
para evitar mojarnos.
El derrotero nos lleva
a otra trepada cuya senda comienza a ser cada vez mas fina con vegetación de
caña coihue mezclada con Pehuenes y Lengas. A medida que ascendemos se va
formando un cañadón a nuestra izquierda, que al transcurrir el tiempo ya
adquiere la proporción de precipicio del que tenemos que tener cuidado. Sin
embargo lo imprevisto sucede. Vengo último en la fila a unos 10 metros de
Laura. Mi vista se concentra en el suelo para no tropezar con las raíces, pero
una caña se impacta en mi cara, haciéndome perder el equilibro y precipitándome
hacia la barranca. Atino a manotear lo que puedo y me sujeto de unas cañas,
quedando colgado. Saco fuerzas de no se donde y trepo hacia la senda para
proseguir la marcha con mi corazón unas cuantas pulsaciones mas arriba de lo
normal y un hermoso raspón sobre mi costado derecho.
El paisaje es tan
increíble que parece salido de narraciones de exploradores antiguos. Un arroyo
se desmorona desde la cima creando una caída de agua de 100 mts y deposita su
ruidoso contenido en un valle donde su sinuoso curso da verde a sus márgenes.
Y comenzamos el
descenso hacia un corredor enmarcado por cerros tapizados con lengas
achaparradas, cañaverales y espinillos. En este punto perdemos el rumbo, debido
a que no encontramos el PC, y nos juntamos con el equipo de Uruguay, luego
viene otro de Argentina, viene un chileno, y empezamos a subir y bajar pero no
hay pista. La desazón comienza a manifestarse, algunos equipos deciden comer
para rever su situación. Tal es que en este sitio perdemos 6 horas, hasta que
encontramos la senda correcta y podemos localizar al PC8. En este punto estamos
últimos.
Comenzamos el descenso
hacia el PC9, el cansancio se hace sentir con mas de 15 horas de treeking sobre
nuestras espaldas, los pies duelen la humanidad pesa., debo parar para curar
mis pies que en este punto poseen una buena cantidad de ampollas. El camino es
sin mayores complicaciones, por senda de ganado entre matas de pasto, flores
silvestres y suelo arenoso nos lleva a una guarnición fronteriza de gendarmería,
donde nos esperan nuestras bicicletas y la comida que nos dejaron nuestros asistentes.
Es un predio abierto
donde debió en su momento estar cubierto de bicicletas, pero en este punto
están solo las nuestras y las de dos equipos mas. Un gendarme sale a nuestro
encuentro y nos da conversación muy amablemente, alentándonos a seguir
adelante. La discusión se centra si dormíamos un par de horas o seguimos
adelante. El gendarme nos aconseja seguir ya que la temperatura baja mucho por
la noche ya que estamos a mucha altura. Entonces la decisión está tomada.
Salimos con nuestras bicicletas por la ruta de ripio y alcanzamos al último
equipo (nro 22) con el que bromeamos sobre ir alternando la cola de la carrera.
Pero el camino por momentos se convierte en duras pendientes, lo que nos va retrasando.
Ya es noche cerrada cuando arribamos al PC10. Nos indica cual es el camino a
tomar y continuamos por la ruta que nos lleva a Villa Lolog, en el extremo del
lago del mismo nombre.
Si bien el PC nos
ofrece guiarnos con el coche hasta nuestro siguiente destino, la decisión es
dormir 2 horas y luego retomar. Son la 12 de la noche del martes y con nuestras
bolsas de dormir a la intemperie nos acostamos al costado de la ruta. Por una
desinteligencia en quien ponía la alarma del reloj seguimos de largo y cuando
despertamos son las 7am. Mucha confusión y tras recoger nuestras pertenencias
nos dirigimos al PC11 a pocos kilómetros de allí.
Nos reciben extrañados
ya que nos esperaban muchas horas antes, comunican por radio al siguiente PC y
allí vamos.
El camino se muestra
con sendas arenosas de difícil circulación, repetidas veces debemos bajar para
caminar ya que nuestras bicis se entierran. Momento de bajadas, y nos dejamos
llevar, tratando de no apretar el freno y dejar que la gravedad haga lo suyo. Y
en efecto lo hizo. En una de las curvas cerradas, mi bicicleta se traba con
unas matas de pasto y ante lo inevitable, me suelto y comienzo mi vuelo, que en
palabras de Micky, quien venía detrás, parecía cinematográfico. El aterrizaje
fue sin mas problemas luego de dar dos vueltas en el aire y caer de espaldas
sobre la mochila.
Seguimos descendiendo y
nos encontramos con un claro donde esta ubicada un casco de estancia donde sale
un niño de unos 10 años y nos comenta que el PC12 se había ido a la mañana
temprano. La incertidumbre sobre la decisión a tomar nos hace comunicarnos por
medio de la radio de la estancia con la organización y esta nos indica que
sigamos adelante. Recargamos agua que gentilmente nos es ofrecida y el olor a
tortas fritas que salía de la cocina nos estaba derritiendo. Y la esperada
oferta llegó. Creo que fue el manjar mas exquisito que haya probado alguna vez.
En compensación y ante la negativa de Juan, nuestro anfitrión, le dejamos
barras de cereales y jugos en polvo.
Continuamos nuestro trayecto
cruzando una pequeña pampa, donde una tropa de caballos pasta apaciblemente en
las horas de la mañana.
Hasta que nos
encontramos con el encargado del CPO que nos indica que debemos tomar la ruta 48
de ripio y dirigirnos al campamento en Nontué donde dejaremos nuestras
bicicletas.
La ruta nos sorprende
con subidas increíblemente largas, y nos obliga a concentrarnos para ahorrar
energías al máximo. Micky carga ambas mochilas la de Laura y la propia. Pero
todo comienza a cambiar cuando comenzamos el descenso. Bajadas con mucha
pendiente, en un camino ancho, donde Micky y yo debemos cortar en las curvas
para mantenernos en el la senda, la adrenalina al máximo, la concentración
puesta en las piedras grandes a esquivar, le pego a varias de ellas, las manos
apretadas sobre el manubrio, parados sobre nuestros pedales, me pregunto
cuantos golpes más aguantará mi bici, pero sigo.
Cuando cambia la
pendiente nos detenemos para hidratarnos y esperar a los demás. Pero ya no
tenemos mas líquido, y todos estamos en la misma situación. El calor aprieta
así que al cruzar un arroyo bajo la ruta decidimos bajar para cargar agua, pero
el descenso es muy difícil, fui designado como encargado del aprovisionamiento,
y cuando estaba buscando el mejor lugar para descolgarme, una camioneta aparece
en el horizonte, le hacemos señas, se detiene, y corresponde al asistente de
otro equipo, quien muy amablemente nos abre una 7UP y nos la da ante nuestro
inmenso agradecimiento. Seguimos nuestro descenso y nos encontramos con Pablo
que había salido a buscarnos en bicicleta y nos traía agua, nos comenta que
falta poco para el campamento y se adelanta para preparar todo.
Al llega a Nonthue, el
lugar se presenta como un paraíso, donde nuestro equipo de asistencia nos
estaba esperando, pero debemos pasar por el control donde somos sometidos a la
revisión de equipo obligatorio y firma del pasaporte.
El predio es una zona
de acampe en la margen noroeste del lago Lacar a 600 mnsm, justo en la
angostura que se produce al dar comienzo al lago Nonthue que comunica con
Chile.
La mesa estaba servida,
y nuestro increíble chef Pablo nos había preparado una tortilla de fideos con jamón
y queso, con una picada de aceitunas y longaniza, pero nos obliga a tomar dos
caramañolas de Gatorade antes de comenzar a comer. Pato y Santi nos atienden a
cuerpo de rey estando atentos a todo lo que pidamos. Una atención 5 estrellas.
Por reglamento debemos
pasar 5 horas en el campamento antes de volver a salir, tiempo que aprovecho
para darme una ducha, curar mis pies y dormir algo. Pero la organización nos
propone acortar nuestra estadía a dos horas para aprovechar la luz del día y
aceptamos.
Cumplido este tiempo y
siendo las 17:50 hs salimos rumbo al PC 17 ubicado en la cima del cerro Malo a
1940 mnsm.
La senda se nos presenta
con mucha vegetación poblada de Cohihues, Ñires y Robles, esta se encuentra
bien marcada, y decidimos hidratarnos cada 50 mts en vertical que subimos.
Delante nuestro va un
equipo que salió hace 2 horas, pero al perder la senda, se retrasa y podemos
verlo a poca distancia.
Seguimos trepando y los
bastones cumplen bien su función, aliviando la presión sobre nuestras piernas.
A medida que ascendemos
la vegetación se torna mas achaparrada, desapareciendo los grandes árboles
dando paso a Lengas, arbustos, espinillos, y la metamorfosis del suelo cambia
la tierra por la roca expuesta.
Con la altura vamos
quedando mas expuestos y los vientos hacen descender la temperatura en forma
abrupta, por lo que debemos abrigarnos para conservar la temperatura corporal.
La vista desde aquí es
imponente. Montañas hasta el horizonte, hacia cualquier lado que mires,
destacándose tres volcanes, el Lanín, el Huanquihue en Argentina y el
Villarrica en Chile, con su cima cortada ya que aún está activo.
Nos juntamos con otro equipo,
que ante nuestra sorpresa es el de nuestro amigo Marcelo Raíces y su novia.
Comenzamos a tirar juntos y ya siendo de noche arribamos a la cumbre, donde nos
espera el PC.
El cielo completamente
despejado nos deja ver en toda su grandeza las constelaciones, con un brillo
tal que parecen estar al alcance de la mano.
Luego de comer algo
comenzamos nuestra marcha hacia el CPO, pero el camino se torna dificultoso,
noche cerrada, sin sendas, con mucho terreno de acarreo, precipicios donde el
final de los mismos se puede medir por el ruido originado al caer las rocas que
desplazamos al caminar.
Un fila india de ocho,
el viento sopla despiadado, estoy detrás de laura y vienen ráfagas que la desplazan
tres pasos hacia el costado. Perdimos el camino, subimos, bajamos, pero nada,
no hay CPO por ningún lado, se producen caídas, calculamos que estamos en 10
bajo cero de temperatura, los navegadores de ambos equipos se consultan y
aprovechamos para tirarnos al reparo de una roca para mitigar los efectos del
viento.
Siendo las 3 de la
mañana, y ante el peligro de que alguien caiga al precipicio, decidimos
guarecernos en un lugar al reparo del viento, y quedarnos hasta el amanecer.
Saco mi bolsa de dormir y así como estoy vestido me meto, incluido casco lentes
y luz frontal. Me acurruco entre dos rocas, cierro la capucha y por la ranura
que dejo para respirar silva el viento que sirve de arrullo para mi cuerpo
cansado.
Las primeras luces nos
despiertan y comenzamos a guardar nuestras pertenencias, en ese momento vemos bajar
desde un filo hacia nosotros el personal que debía estar en el CPO, y ante la
pregunta de si tenía luces para poder encontrarlo, nos comenta que solo poseía
una luz química.
Instantes después
desciende el director de seguridad y nos da los argumentos por los cuales el
considera que el camino que nos queda recorrer hacia el siguiente punto no lo
podremos llegar a completar en tiempo y que es peligroso para nuestra
seguridad. Por tal motivo nuestra carrera había terminado debiendo desandar el
camino y regresar a Nonthué.
Momento de desazón para
algunos, de alivio para otros, pero con la tranquilidad de haber dado todo para
intentarlo. Nos reaprovisionan de agua y emprendemos el descenso. Momento de
apoyarnos mutuamente, de charlas mas distendidas y apreciar la naturaleza en
todo su esplendor.
El descenso se nos
presenta mas sencillo a la luz del día, la roca pelada nos deja ver la belleza
en sus recovecos donde ramilletes de flores multicolores sobreviven a las
inclemencias de las alturas. Paso por lugares de roca azul, verde, roja, negra,
vetas que dibujan mensajes entendibles por la naturaleza y una sensación de
pequeñez que emociona al corazón mas duro.
Siendo las 6 de la
tarde regresamos a Nonthué donde nos reencontramos con nuestro soporte y nos
dedicamos a ordenar el equipo y darnos un merecido baño.
Me tomo un tiempo para
sentarme a orillas del lago en soledad y reflexionar sobre lo transcurrido en
los últimos días, donde la montaña nos sacó lo bueno y lo mano de cada uno,
nuestras virtudes y las miserias, para capitalizarlas y ser un poquito mejor
persona. En definitiva es la finalidad de nuestra vida.
La noche nos da la
bienvenida y es momento de entregarnos al descanso. Luego de una apetitosa
cena, nos dormimos al reparo de las cabañas ofrecidas muy amablemente por el
administrador del predio.
Jueves y es hora de
volver dejando atrás nuestra aventura inconclusa. Pero una frase dicha por una
asistente de la carrera (montañista de profesión) con quién tuve una prolongada
charla la noche anterior retumba en mi mente y en mi corazón, “…no te preocupes, la montaña va estar allí el
año que viene”.
Agradecimientos
Le agradezco a Southern
Winds Líneas Aéreas quien hizo posible nuestra aventura, a Ricardo Kruszewsky
con sus kayaks SDK que aportó toda su experiencia y paciencia, a Espíndola
Bikes, a mi entrenador Marcelo Perotti y a todas las personas (que son muchas)
desde amigos hasta familiares que contribuyeron de una manera u otra para la
concreción de esta carrera.
Gracias en especial a
nuestros asistentes, Pablo, Pato y Santiago quienes en todo momento nos
prestaron su ayuda y nos dieron su aliento.
Y gracias a mis
inmensos compañeros de equipo Laura, Micky y Hugo.
Alfredo Moyano