
Ayer tuvimos un casamiento, esas
fiestas familiares a las cuales uno no puede dejar de ir y que no hubiera sido
problemático si Nike no hubiera cambiado la fecha de la primera carrera
del circuito 2006.
Así estaba anoche.
Mirando el reloj, calculando cuánto tiempo de sueño me quedaba
por delante y viendo pasar las copas de vino, una tras otra, sin poder tocarlas.
Cada tanto, mientras las miraba ir y venir, pensaba: ¿qué haría
Yiya en una situación como ésta?
Junté valor y me le animé al agua mineral, a una Coca y a una
Sprite.
Por suerte en la recepción de la fiesta había muchas frutas secas,
castañas de Cajú, almendras, nueces, que fui devorando con fruición,
recordando los sabios consejos del profe.
Silvia, mi mujer, se animaba un poco más a la comida; yo dejé
ir al salmón y a todo lo que fuera pescado, hinqué el diente en
la pavita y en un lomo que sirvieron.
Nos fuimos en el momento en que servían el postre, tratando de explicar,
a gente que nunca corrió, lo inexplicable: que en unas horas yo corría
21 km y encima en el campo.
Nos miraban como marcianos.
6.45 de la mañana. Suena el
despertador.
Me levanto, desayunamos según las prescripciones de Perotti. Hago las
cosas que uno hace cuando se levanta a la mañana todos los días
( y que no voy a detallar en este momento), pero agregando la ansiedad de una
carrera por delante.
Rumbo a Pilar.
Llegamos a Estancias del Pilar. Nos
vamos encontrando con el resto de correrayuda, con muchos y muchas que corren
sus primeros 21, o sus primeros 7, con un ánimo y un humor extraordinarios.
Hacía frío a la mañana, mucho frío para estar sólo
con una remera de mangas largas y un short, pero el calor humano ayudaba a aliviar
la baja temperatura.
Silvia corría su primer carrera de aventura y estaba muy entusiasmada.
Largó el circuito women's y a la hora aproximadamente, nos tocó
a nosotros empezar a acomodarnos cerca de la largada, nuestro momento de carrera
estaba cerca.
Llegó nuestro momento y largamos
la carrera, salí tranquilo, pensando en disfrutar los colores del otoño,
que estaba tan bien pintado en Pilar.
Antes de la salida Gustavo, mi compañero de tantos días en Palermo,
me dice que él no va a salir rápido ya que él va a acompañar
a Laura en sus primeros 21, la miro a Laura y pienso: qué bien que hace
correr, Laura ni tiene 21 todavía....
Otro más, antes de salir, mi tocayo y miembro asiduo del equipo bicentenario
me dice:
"mejor salí solo, yo voy a ir más despacio".
Empecé a correr, siguiendo los consejos de mis amigos, y seguí
corriendo. En un momento del trayecto me encuentro con Keko, siempre flanqueado
por dos compañeras de correrayuda (no voy a dar nombres, sólo
hay que ver la clasificación), que parecía que lo estaban cuidando
durante la carrera. Sin embargo a mi me parecía que él estaba
lo más bien, no entendí a que se debían tantos cuidados.
Corrí con ellos un buen tramo, en un momento nos encontramos con otro
integrante del también conocido como "Equipo de los dos siglos",
Jaime, muy apurado como siempre y que nos dejó al ratito.
A todos ellos los perdí después del primer cruce de agua, mientras
seguíamos corriendo.
Estando ya cerca de la meta y antes
del segundo cruce de agua, perdí el pie y aterricé de tujes en
el barro, acalambrándome de lo lindo, mientras veía pasar a Barbi
y a la profe, que preguntaron cómo estaba. Qué otra cosa que bien
podía contestar en una situación como esa, sentado en el barro
y no sabiendo qué pierna agarrarme primero para estirar.
Me alentaron. Me levanté y seguí, incluso picando un poco, hasta
la llegada.
La pasé bárbaro, me divertí muchísimo y realmente disfruté de la carrera, mejorando mucho el tiempo que había hecho el año pasado para el mismo circuito.
Fue la primera vez que Silvia me encuentra en una llegada y logra sacarme una foto a tiempo.
Gracias a todos los correrayuda y por supuesto, a los profes.
Carlos Selener