Un día en Pilar
Buenos Aires, 1º de mayo de 2006

Ayer tuvimos un casamiento, esas fiestas familiares a las cuales uno no puede dejar de ir y que no hubiera sido problemático si Nike no hubiera cambiado la fecha de la primera carrera del circuito 2006.
Así estaba anoche.
Mirando el reloj, calculando cuánto tiempo de sueño me quedaba por delante y viendo pasar las copas de vino, una tras otra, sin poder tocarlas. Cada tanto, mientras las miraba ir y venir, pensaba: ¿qué haría Yiya en una situación como ésta?
Junté valor y me le animé al agua mineral, a una Coca y a una Sprite.
Por suerte en la recepción de la fiesta había muchas frutas secas, castañas de Cajú, almendras, nueces, que fui devorando con fruición, recordando los sabios consejos del profe.
Silvia, mi mujer, se animaba un poco más a la comida; yo dejé ir al salmón y a todo lo que fuera pescado, hinqué el diente en la pavita y en un lomo que sirvieron.
Nos fuimos en el momento en que servían el postre, tratando de explicar, a gente que nunca corrió, lo inexplicable: que en unas horas yo corría 21 km y encima en el campo.
Nos miraban como marcianos.

6.45 de la mañana. Suena el despertador.
Me levanto, desayunamos según las prescripciones de Perotti. Hago las cosas que uno hace cuando se levanta a la mañana todos los días ( y que no voy a detallar en este momento), pero agregando la ansiedad de una carrera por delante.

Rumbo a Pilar.

Llegamos a Estancias del Pilar. Nos vamos encontrando con el resto de correrayuda, con muchos y muchas que corren sus primeros 21, o sus primeros 7, con un ánimo y un humor extraordinarios. Hacía frío a la mañana, mucho frío para estar sólo con una remera de mangas largas y un short, pero el calor humano ayudaba a aliviar la baja temperatura.
Silvia corría su primer carrera de aventura y estaba muy entusiasmada.
Largó el circuito women's y a la hora aproximadamente, nos tocó a nosotros empezar a acomodarnos cerca de la largada, nuestro momento de carrera estaba cerca.

Llegó nuestro momento y largamos la carrera, salí tranquilo, pensando en disfrutar los colores del otoño, que estaba tan bien pintado en Pilar.
Antes de la salida Gustavo, mi compañero de tantos días en Palermo, me dice que él no va a salir rápido ya que él va a acompañar a Laura en sus primeros 21, la miro a Laura y pienso: qué bien que hace correr, Laura ni tiene 21 todavía....
Otro más, antes de salir, mi tocayo y miembro asiduo del equipo bicentenario me dice:
"mejor salí solo, yo voy a ir más despacio".
Empecé a correr, siguiendo los consejos de mis amigos, y seguí corriendo. En un momento del trayecto me encuentro con Keko, siempre flanqueado por dos compañeras de correrayuda (no voy a dar nombres, sólo hay que ver la clasificación), que parecía que lo estaban cuidando durante la carrera. Sin embargo a mi me parecía que él estaba lo más bien, no entendí a que se debían tantos cuidados.
Corrí con ellos un buen tramo, en un momento nos encontramos con otro integrante del también conocido como "Equipo de los dos siglos", Jaime, muy apurado como siempre y que nos dejó al ratito.
A todos ellos los perdí después del primer cruce de agua, mientras seguíamos corriendo.

Estando ya cerca de la meta y antes del segundo cruce de agua, perdí el pie y aterricé de tujes en el barro, acalambrándome de lo lindo, mientras veía pasar a Barbi y a la profe, que preguntaron cómo estaba. Qué otra cosa que bien podía contestar en una situación como esa, sentado en el barro y no sabiendo qué pierna agarrarme primero para estirar.
Me alentaron. Me levanté y seguí, incluso picando un poco, hasta la llegada.

La pasé bárbaro, me divertí muchísimo y realmente disfruté de la carrera, mejorando mucho el tiempo que había hecho el año pasado para el mismo circuito.

Fue la primera vez que Silvia me encuentra en una llegada y logra sacarme una foto a tiempo.

Gracias a todos los correrayuda y por supuesto, a los profes.

Carlos Selener