AVENTURAS EN
CARRERA DE
SELVA – EL SOBERBIO PCIA DE MISIONES – 29 Y 30/4/06
(Por Fernando
Tobal – Equipo nº 16 DOS ANCLAS)
La pregunta
que me hago en este momento es ¿cómo se hace para transmitir tantas sensaciones
tan fuertes vividas en esta carrera? Trataremos.
Cuando me enteré de esta carrera,
me gustó la idea, pero cuando entré en la página y vi las fotos dije “VOY!”.
Así fue que llamé a mi amigo Gustavo Turek, quien sufre una enfermedad parecida
a la mía y a pesar de toda la movida que implicaba (tiempo, plata, familia,
y salud), no tardó en subirse a esta locura.
En esta oportunidad obviaré
la previa, ya que con la carrera sola alcanza.
La idea central de la carrera
era correr 219 kms. en 2 días, de los cuales serían
algo así como 124 kms de mountain bike, 40 kms. de
running y 45 kms. de kayak. Promocionada como “una
carrera para que todos puedan participar con un mínimo de experiencia”, me
pareció posible ya que supusimos que el nivel de dificultad de los tramos
sería razonable.
Largamos el sábado
Hasta que sonó la campana de
los 40 minutos, y tuvimos que volver al pedal para enfrentar el tramo más
duro de bici. A los pocos minutos de haber retomado, nos enfrentamos con unas
bajadas de alta dificultad técnica, con mucha pendiente, piedras sueltas y
tierra seca. Y quienes siguen habitualmente mis relatos, saben de mi costumbre
de llevarme un pedazo de tierra autóctona. Esta vez me llevé tierra y varias
piedras, ante la mirada entretenida
del público presente en ese lugar. Luego me enteré que fuimos varios los que
estuvimos estudiando la composición del terreno en el mismo sitio. Pero bueno,
uno es cabeza dura y a pesar de los golpes insiste. De nuevo arriba de la
bici para atravesar subidas interminables (varias de las cuales fueron caminando)
y bajadas veloces algunas y de las otras también. El cuentakilómetros no parecía
querer avanzar, ¡estaba empacado el guacho!. Siendo
nosotros dos tipos tan rudos, decidimos no llevar nada de Power Gel, Exceed,
Push y ninguna de esas porquerías. Para recuperar energía contábamos con nuestra
provisión de gelatinas Yummy, con formitas de Ositos Cariñosos y de Bob Esponja
y sus amigos. Y gracias a la ayuda de nuestros amigos Bob y los Ositos, y
habiendo terminado hasta la última gota de líquido que llevábamos, llegamos
casi deshidratados luego de 3 hs 35 minutos a dejar la bici en el PC de Mesa
Redonda.
Allí nos atacó un enjambre
de abejas, quizás atraídas por tanta dulzura nuestra, y que a fuerza de mucho
Off pudimos zafar.
Luego de beber unos
Pero no todas serían flores
en nuestra travesía por el hermoso río. A la hora de estar remando (el río
se encuentra encajonado en la selva) rodeados de una increíble vegetación,
comenzó a oscurecer. Hasta ese momento
se había hecho difícil sortear las correderas (diferencias de nivel en el
lecho del río, algo así como los rápidos, pero sin tanto desnivel), debido
a que teníamos que esquivar las piedras mientras la corriente nos iba arrastrando
con lo cual teníamos poco margen de maniobra. Pero una vez que oscureció (y
estuvimos remando a noche cerrada durante casi 3 horas), no sólo no veíamos
las rocas, sino que todo lo que podíamos hacer era escuchar el rumor del agua
que indicaba que se venía el baile, y rezar a Dios, a Alá, a Buda, a Adonai,
y hasta a Maradona …….
Consecuencia de la carencia
de luz, de la abundancia de rocas y correderas, y de las varias veces que
encalló nuestro kayak, rompimos cada uno su pala (y gracias que el bote se
salvó), es que tuvimos que ingeniarnos para seguir a buen ritmo nuestra marcha,
y cada vez que encallaba el kayak Gustavo saltaba al agua a destrabarlo. Yo
por ser el timonel, (y por estar hecho pelota por los golpes de la bici),
me tenía que quedar a bordo (al fin y al cabo el capitán del barco era yo,¡¡
coño !!).
En el transcurso de nuestro
viaje pudimos ver que un equipo (creo que eran las chicas de Quilmas) nos
pedía desde la costa que les enviemos ayuda ya que el kayak parecía encallado
o roto y no podían seguir. Luego nos enteramos que fueron 5 los equipos que
se tuvieron que quedar a pasar la noche en el río.
Por suerte todos regresaron o fueron rescatados sanos y salvos.
Otro tema era que no se veía
ni siquiera hacia donde doblaba el río cada vez que se venía una curva, pero
gracias a nuestro capitán (yo) y a nuestra linternita de bici, la fuimos llevando.
Finalmente llegamos a las luces salvadoras en la costa, pensábamos que habíamos
llegado al campamento, pero no, aún nos esperaban otros 2 kms de caminata
(correr a esta altura de la noche, con un camino lleno de piedras, no se veía
un soto, y nosotros hechos percha, imposible).
Y después de larga travesía,
arribamos al campamento, donde aún nos esperaba una de las pruebas más duras
de esta increíble aventura : ARMAR
Lo más tragicómico, es que
después de 30 minutos de descifrar cómo se arma, de armar y desarmar y volver
a armar, al observar el producto terminado
nos dimos cuenta que al lado de nuestra carpa había otra igualita. Ahora sí,
con la carpa armadita, a darnos un baño bien caliente (estábamos temblando
con la ropa mojada en el río)…….. con agua tibia!!!!!!!!!
Si bien la vida es bella, mi
cabeza albergaba el siguiente inventario de hechos del día a saber
: 2 caídas en bici, 2 pinchaduras
de cámara, un listado de magullones y ralladuras varias, un golpe en el tujes
(por una caída que tuve sobre las piedras al bajar del kayak), 2 remos rotos,
las abejas, y fundamentalemente un fuerte dolor en las costillas que me acompañó
durante toda la remada producto de mi análisis del suelo y piedras misioneras.
Ah, me olvidaba del agua tibia de la ducha. Semejante cuadro depresivo me
llevó a querer abandonar, siendo que todavía nos faltaban
recorrer 100 kms más. Por suerte, Gustavo me insistió en que decidamos después
de la charla técnica del domingo.
Y llegó la mañana del domingo,
luego de desayunar y habiendo recuperado fuerzas, vino la charla técnica en
la que se nos comunicó que se había eliminado la etapa del kayak, y que se
cambiaba el recorrido de la bici (se agregaban
Largamos a las 10 con un running
de 6 kms hasta los saltos del Moconá en el río Uruguay donde nos esperaban
con hidratación y un descanso obligatorio de 50 minutos para quienes quisieran
conocer los saltos. Yo opté por ir al toilette (yuyos),
comerme un sandwichito y descansar a la sombra, mientras mi socio se pegaba
un bañito en el Uruguay. Estos 6 kms de running y los siguientes 16 kms también
de running luego del descanso y que nos llevaron hasta Mesa Redonda (donde
habíamos dejado las bicis el día anterior) fueron nuestro mejor momento de
la carrera, pasamos muchos equipos que debido a las continuas subidas y bajadas
habían aflojado el ritmo. A punto tal que cuando llegamos a las bicis calculamos
que sólo debían haber entre 10 y 15 equipos delante nuestro.
Ni bien salimos disparados
con nuestras bicis, comenzó nuestro calvario del día : las pinchaduras. Con tal mala suerte que el
primero en pinchar fui yo, y la única cámara sana que nos quedaba la tenía
Gustavo, que estaba delante de mí cuando pinché y recién 2 kms adelante se
dio cuenta que yo no estaba. Así que volvió, cambiamos cámara y seguimos.
A partir de allí se sucedieron distintos tipos de senderos, algunos caminos
anchos con piedras, luego unos caminos de tierra roja húmeda que atravesaban
selva y luego campos, unas vistas espectaculares sobre el río Uruguay, siempre
con constantes desniveles, larguísimas subidas y bajadas algunas veloces y
otras técnicas con bastante piedra. Esperábamos completar 30 kms de caminos
hasta salir al asfalto sin más pinchaduras ya que no teníamos más cámaras
de repuesto, pero no hubo suerte. En primer lugar, porque volvimos a pinchar
en 2 ocasiones, con lo cual se puso de manifiesto que mucho entrenar running,
kayak y bici, pero de emparchado de cámaras poco. En segundo lugar, porque
en lugar de 30 eran aproximadamente 45 los kms de tierra por lo cual entre
todo el tiempo que nos tomaron las reparaciones, las subidas prolongadas varias
de las cuales las hicimos a pie y los kms agregados, se nos hizo de noche
al llegar al asfalto.
Llegar al asfalto nos generó
una gran alegría (basta de pinchaduras) que nos duró hasta la primera gran
trepada que encaramos apenas empezó. Allí tuvimos que bajar de la bici ya
que me había descompensado, y mientras caminábamos me dediqué a comer todo
lo que nos quedaba (ositos cariñosos, barritas, pasas de uva, piedras, etc).
Recuperadas las fuerzas arrancamos con todo, ayudados por una tendencia en
bajada de la ruta hacia El Soberbio que nos llevó a pesar del viento en contra
a lograr una velocidad máxima de 60 kms/h en alguna bajada.
Arribamos a El Soberbio a las
21.30 luego de casi 11 horas y media de carrera, con fuerzas todavía para
un sprint final y con una emoción inmensa.
Saboreamos un sándwich de milanesa que nos facilitó la organización (MUY BUENO !!!) y nos llevamos la tan ansiada medallita.
Agradecimientos :
-
A mi amigo Gustavo Turek por haberme dicho que sí y
por todo lo que nos bancamos.
-
A mi mujer Ale que se sigue bancando estoicamente mis
locuras.
-
A mis profes Marcelo Perotti y Bubu, y a todos mis
amigos de Correrayuda que me alentaron.
-
A la ídola de Laura, mi secretaria, que me ayudó con
la logística (carpa y elementos de camping),
la culpa de ser
un tronco armando carpas es exclusivamente mía.