TETRA CHAPELCO 2005

Por Fertobal (nº 33)


Foto www.idsweb.com.ar

PROLOGO

Hace un año lo que quedaba de mí cruzaba la meta del Tetra de Chapelco. Después de sufrir como negro en el polo, y de jurarme no volver nunca más durante todo el trayecto del kayak en el lago Lacar, me encuentro nuevamente esperando la señal de largada en lo alto del cerro Teta (sí leyeron bien: TETA) junto a otros casi 300 desquiciados más.

Sin saberlo, fui otra víctima del bichito de la tetramanía que me picó en aquel septiembre de 2004 (mi psiquiatra discrepa, opina que se trata de masoquismo agudo… pobre)  y que condenó a familiares y amigos a tener que bancarse mis insoportables relatos sobre la carrera pasada y mis descripciones de entrenamientos raros y expectativas para la próxima. Lola muchachos, les espera otro año de aburrimiento.

 

LA PREVIA

Hacia el jueves a la mañana, ya se veían muchas caras conocidas… que todavía sonreían !!!

El jueves a la tarde muchas de esas sonrisas se apagaron luego del reconocimiento del circuito de bici, mucho más técnico y duro que el del año pasado. Como yo no fui, la alegría me duró un día más.

Viernes a mediodía, reconocimiento del circuito de esquí. Eran las 13 hs y el cerro estaba helado a  morir. ¿Qué hacer, esquíes o patines? Este año nos cambiaron el recorrido y para alegría de muchos no habría fuera de pista en nieve honda. En cambio luego de notificarnos sin anestesia que tendríamos que bajar por la parte más jodida del filo, lo cual con la heladita que había iba a ser un festival del porrazo duro, nos llevaron al circuito que recorría los bosques donde se hace el recorrido en trineo de perros. Y la verdad, tuvimos que remar como canes. Muchos tramos casi horizontales, otras cuestas para subir caminando, y como frutillita del postre …….NOS PERDIMOS !!! Pero bueno, de todas formas y gracias a la ley de gravedad (todo lo que sube baja) llegamos a la base, por cualquier camino, pero llegamos.

El viernes a la noche tradicional cena de fideos en el regimiento del ejército, con charla técnica incluida a cargo del Dr. Marcelo Parada, director de la carrera,  quien luego de explicar los recorridos de los distintos circuitos me empezó a recordar a otro conocido doctor (Dr. Jekyll).

 

LOS PREPARATIVOS

Sábado 8.00 me estoy juntando con Dieguito Pando para ir al parque cerrado de kayak a acomodar nuestros petates. Hace un frío de aquellos, y el movimiento de corredores yendo y viniendo con kayaks, remos, chalecos, silbatos náuticos (¿?), y papel higiénico, es febril.

Levantamos a Gustavo Turek con su bici y subimos al cerro donde una vez acomodadas las bicis y los elementos para la transición nos encontramos con Pablo Amasino, formando un trío que no se separaría hasta el comienzo de la carrera.

En nuestra subida hacia el lugar de la largada hacemos escala en el refugio Graef a tomar unos tintillos. Luego de lo cual hacemos un par de bajaditas para calentar las rodillas y verificar 3 cosas :

1) que es un día de un clima fantástico,                                                        

2) que la nieve no está tan jodida como en los días anteriores, y

3) que me quiero ir con mi mamaaaaaaaaaaaa…….

 

LA CARRERA

La largada fue la misma que el año pasado, dura trepada por pista con bastante pendiente, cuando preguntás de qué longitud algunos te contestan 200 metros, otros 2 kilómetros. La cuestión es que al día de hoy no tengo idea. Lo que sí se es que algo se transpira.

Primer tramo de esquí, largas y veloces travesías tratando de no tragarte al de adelante, lo cual no todos logran. La pausa para respirar un poco cuando llegamos a la silla cuádruple que vuelve a subir hacia el punto más alto del cerro. A partir de allí cuidadosa bajada por el filo (éramos como 40 personas en la misma pista al mismo tiempo) y luego a internarnos en los bosques. A diferencia del día del reconocimiento, el circuito estaba muy bien marcado y esta vez no nos perdimos. Curvas, contracurvas, remadas, subidas y una vez que salimos a la pista de la telecabina, veloz bajada hacia el parque cerrado de bicis donde espera mi hinchada propia. Veloz cambio de ropa, sandwichito en 3 bocados, y salgo cual bólido ¡¡¡ sin guantesssss !!!

Luego de una rápida bajada por la ruta 19 de ripio, bajamos a un camino donde se alternaban

senderos, caminos de tierra, subidas suaves, subidas técnicas (a bajar de la bici), bajadas (a subir), y como prueba especial a cruzar por un arroyito de deshielo (abran la calienteeee!!!).

Asi hasta llegar a la ruta 234 (asfalto) y a darle con tutti hasta llegar al pueblo, desde allí larga cuesta asfaltada hasta el hotel Sol (1 km aprox.) y una vez que doblamos hacia la derecha por la calle de tierra nos hacen desviar por una bajada. ¡ AL FIN BAJADA !

Bueno, la ansiedad por bajar después de tanta subida me terminó jugando en contra ya que se trataba de un camino de tierra con bastantes piedras y piedritas, agüita fresca y ….. UN POZO. Con la velocidad que me aportó la bajada y la puntería que me caracteriza le entré al pozo con tanta fe, que descubrí que en realidad se trataba de un cráter. Luego de lo cual la escena siguiente tuvo lugar desde el suelo, desde donde pude observar el vuelo de las aves autóctonas y sentir la frescura del agua en mi espalda. Una vez incorporado y verificado que no había nada roto, devolví las piedras que me llevaba puestas al suelo, y seguí con mis nuevos dolores y hematomas como pude. Atravesado el mal momento seguí pedaleando hasta llegar a una cuesta de aquellas (de esas que no pedalea ni el mono Vera). Vuelta al camino en subida y desde allí a repetir el circuito de los senderos.

A esta altura de la carrera, recordé la metáfora que un relator de ESPN mencionaba durante el ironman de Hawai. Decía que a esa altura de la carrera (hacía un calor de perros) los corredores “ievaban un periquito en el hombro que les pedía que abandonen”. Bueno, en mi caso yo llevaba a Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras, acompañados de Tula, su bombo y la 12 de Boca que me pedían a gritos que abandone cuando llegue al kayak.

Y finalmente, llegué al kayak. No le hice caso a los muchachos quizás por lo que dice mi psiquiatra, o quizás porque soy un poco sordo.

Una vez en el agua, luego de una de las transiciones más lentas de mi vida, todo fue mejor.

Me dediqué a remar relajadito, y así y todo bajé más de 20 minutos el tiempo del año pasado en esta etapa (en 2004 sufrí mucho esta etapa por calambres).

Como todo lo bueno se termina, tuve que bajar del bote. Ahí me di cuenta de que para la etapa de running lo único que me faltaba era sensibilidad en las piernas (remember el arroyito que cruzamos con la bici). Así que cambiamos zapatillas, engullimos otro sandwichito y partimos con todas las ganas (de terminar esta carrera). Tuve un buen arranque, pero a poco del incicio nos internamos en un sendero en subida que me fue quitando las ganas de correr. Una vez llegado a cierta altura, era impresionante la belleza del lugar ya que corríamos por el medio de un bosque atravesando un camino paralelo a la costa del lago, con una vista alucinante. Tanto me atrapó la vista, que en un momento me metí por el camino equivocado. Luego de unos minutos de putear porque no encontraba ninguna cinta, llegué a la conclusión de que me había perdido, por lo tanto a pegar la vuelta hasta la próxima cinta visible. Unos minutos más tarde, retomé el camino, alternando sendas en subidas (algunas bastante empinadas) y bajadas, caminos de tierra, cruzando arroyitos y bosques, casi siempre con el lago hacia un costado. En síntesis, un circuito increíblemente bello y variado. Lo único que lamenté durante buena parte del camino, fue el no poder correr las bajadas debido a las consecuencias de mi caída en la bici. Apenas un trotecito ligero.

Dicen que el circuito tuvo unos 16 kms, para mi estado general los sentí como 30, pero bien valieron la pena ya que al llegar recibí mi mejor premio:  haber corrido los últimos metros con mi hija Magali quien tuvo el aguante de esperar mi llegada, que se produjo a las 7 hs. 40 minutos.

 

EPILOGO

La primera sensación después de terminar esta carrera (sin considerar los dolores de la caída) fue parecida a la que tuve el año pasado, es decir, NO VUELVO NI MAMADO.

Hoy, a 4 días de la carrera, ya estoy contando los días para la próxima.

No pude mejorar la performance del año pasado, pero no importa, esta carrera es UNICA.

Los circuitos fueron más duros (la bici me resultó terrible) y la etapa de running, que el año pasado disfruté tanto, este año me costó bastante. Pero valió la pena, porque los circuitos fueron espectaculares. Así que: a entrenar para la próxima !!!!!!

 

AGRADECIMIENTOS

A mi mujer Ale y mis 3 hijos por bancarse mi locura.

A mis profes Marcelo Perotti, Vero Pasquette y Dani Donadío que vino a hacernos el aguante.

A mis tetracompañeros Diego Pando, Gustavo Turek, Pablo Amasino, Goyo Peralta, Martín Martorell, Germán Fernández Pescuma y Facundo, por el aliento mutuo antes y durante la carrera y los momentos compartidos.

A Maribin por el aliento durante la carrera, y por votar mi relato, obvio.

Y por sobre todas las cosas a mi GRAN AMIGO Juanca Bianchino y Silvana, que viajaron especialmente para estar conmigo en ésta, a pesar de no correrla. UN AUTENTICO GRANDE.