
Los que me conocen saben que
las carreras sobre la arena no son de mi agrado, y cada vez que voy a una de
ellas (el pibe insiste) las sufro, maldigo y demás yerbas.
En este caso traté
de tomármelo con filosofía. El día estaba hermoso, muy buena temperatura,
un sol increíble y un mar verde como nunca.
Mis primeros kilómetros,
fiel a mi instinto seguí al malón, pero al transcurrir la distancia el paisaje
se tornó mas árido pero de una belleza digna de
apreciar. Es allí que decidí seguir el consejos de
Marcelo: disfrutá!!!
Entonces me tomé mi tiempo,
no dejé que mis pulsaciones subieran demasiado, caminé en todas las subidas, me
divertí en cada bajada. Hasta llegar al punto de estar en el filo de un médano
alto, me paré a un costado y me puse a mirar el paisaje. Mas de uno (con toda
la buena onda que caracteriza a estas carreras) me pasó gritándome: Dale no
camines!!!! Dale que falta poco!!!!
En el trayecto me
encontré a Fer Tobal, nos
cruzamos unas palabras, pero el estaba muy concentrado en su carrera, así
que no lo quise molestar y lo deje ir (yo estaba en otra).
Al salir de los médanos e
ingresar a los últimos 3 o 4 km de playa me
alcanza Graciela, una amiga de muchas carreras de montaña. -Qué hacés acá?
Dejá de mirar pajaritos y empezá
a correr!! Entonces comenzamos a correr juntos y bien
la recta que dibujaba el mar sobre la playa hasta cruzar el arco de
llegada.
Como conclusión
y contraposición otros relatos, este es del anti-héroe
pero no me arrepiento de lo hecho. Me hizo sentir feliz.
Feliz de decidir cuando
sufrir y cuando no, feliz de haber pasado un fin de semana con amigos,
compartiendo comidas, charlas, comidas, confesiones, comidas, no!, no soy
reiterativo fue así. Como les decía, fue una salida que pude
transformar en 100% positiva. Como me dijo una amiga, -no siempre hay que
competir, no? Toda la razón.
Espero que les guste mi lado
de la historia
Gracias a todos, los que
fueron y los que no, son un grupo bárbaro.
Alfred