ATLETISMO: MARATON
Sueño de
El periodista Víctor Pochat
cumplió el deseo de toda su vida. Lo seguimos y te contamos cómo fue.
Ayer hubo 3.500 historias recorriendo las calles porteñas
bajo la lluvia, en el Maratón de
Víctor tenía una deuda consigo. Hace tiempo anunció que
iba a cobrársela. Contaba con su esposa Alejandrina —con experiencia en carrera
de aventuras— de chaperona. Fueron más de tres meses de entrenamiento con el
grupo que comanda Marcelo Perotti para llegar OK a la largada en la puerta de River.
La primera mitad fue para los libros: pasó como un rayo
por Palermo, atravesó sin problemas el centro y dejó La Boca —mitad de la
competencia— en el tiempo planeado (1h50m48s). "Vengo bien", nos
decía cada tanto. Como todo el pelotón, aguantaba el agua, peleaba con los charcos,
se hidrataba, comía fruta y, sobre todo, avanzaba.
Atrás quedó Puerto Madero y las cosas se pusieron
oscuras. En Dársena F, algo no andaba bien en el cuerpo de Víctor. Con Alejandrina nos multiplicamos dándole gel
energético y bebidas isotónicas, cuidándole el paso y pidiéndole que no
aflojara. "Sentí que se acababa todo", reconoció después. Pero
siguió.
Mágicamente en la Costanera —donde esperábamos lo más
duro del recorrido— rearmó el paso y comenzó a pasar gente, pese al viento
cruzado; llegar a River era posible. Igual, Ciudad
Universitaria fue casi un parto. ¡Y faltaba el puente Labruna!
Cuando encaró la rampa, la música que explotaba en el Monumental le dio
adrenalina extra.
Todavía faltaba el shock de
entrar a la pista por el túnel Delfo Cabrera.
"Venís en la oscuridad y, de golpe, te estalla el estadio frente a los
ojos. Es magia". Cuando Víctor paró el cronómetro, el visor marcaba
3h54m24s. Su mujer lo recibió con un beso inolvidable. El repetía: "Me
duele todo" y "No lo puedo creer". El sol salió un ratito. Más
no se podía pedir.