CUANDO CORRER NO ES SOLAMENTE CORRER
Queridos
correrayuda, recién puedo empezar a mover los dedos para escribir estas
palabras sin que me duela el pelo, por eso en primer lugar quería felicitar a
mis compañeros debutantes en la maratón (¡grande chicos!), y también a los
"avezados", ya que una vez más ambos dejaron la huella del
grupo en el pavimento porteño. Agregar algo al relato de Marcelo
López o a las reflexiones de José Luis sería
redundante, realmente expresan el sentimiento de los que ahí estuvimos.
Pero sí quería compartir algunas sensaciones personales.
Como
todos sabemos, correr un maratón no es una pavada. Si bien el
entrenamiento para la misma es muy intenso (diría casi lo más
pesado), los 42 km es una prueba muy dura
donde, a diferencia de otras carreras, la entrega es TOTAL, y cuando digo TOTAL es TOTAL (con mayúscula y en negrita),
ya sea por parte de los corredores como de los asistentes. Los primeros
kilómetros suelen ser de calentamiento, bromas y buen humor, pero
pasada un poco más de la mitad de la carrera se empieza a sentir,
primero el cansancio, después el cansancio y finalmente el cansancio,
sumando viento en contra, principios de contracturas y calambres,
revoltijos de estómago (meta Push, Excced, Power Gel,
agua, Gatorade, fruta y si es necesario un
marinero senegalés), y hasta ganas de pasar por el W.C.
(sin contar la llovizna que me(nos) acompañó gran parte del
recorrido).
Y
es allí donde la fina membrana que separa el "dar" y
el "recibir" empieza a mutar en una energía única e "indescribible" (mezcla de "indescriptible"
con "increíble"), comienza a ser cada vez más delgada, más
permeable, hasta desaparecer. Cuando estás
"entregado", cuando das todo en cada paso, cuando el peso de los
kilómetros se siente, ahí, en ese momento, recibís de tu
asistente un "como estás", "qué necesitás", si te sentís bien, te anima con un
"estás haciendo un carrerón", es el momento
en que asistente y corredor son uno, en que te cruzás
con tus compañeras en la
Costanera Norte y recibís ese empujón en forma de
aliento, es el momento en que llegás al puente de River y te esperan tus compañeros para darte el último
envión de 400mts, es el momento de la palmada, de la caricia.
Por
esto me planteo que correr no es solamente correr; correr es padecer, sufrir,
cansarse, agotarse, preguntarse ¿qué hago yo acá?, entrenar duro a lo
largo de 3 meses, comer hidratos por 90 días (las noches de luna llena
temía convertirme en fideo) y hasta frustrarse, pero por sobre todo
es RECIBIR, si, RECIBIR (con mayúscula y en
negrita) la asistencia, tanto material como afectuosa, de aquellos
que madrugaron, se mojaron y estuvieron ahí para alentarnos, para acompañarnos,
para COMPARTIR
nuestro desafío.
Mirando
el cronómetro, ésta no fue mi mejor carrera (ni la peor, gracias Topo), pero
fue la que reconfirma y reafirma la GRANDEZA de este
maravilloso grupo humano, al cual estoy orgulloso de pertenecer. Por eso
quiero agradecer a los profes Marcelo y Verónica,
que además de amarlos por ser "family",
son dos excelentes profesionales y mucho más mejores personas, a Mary por apoyarme en todo momento y bancarme las ausencias en las
mañanas domingueras, a todos los asistentes (esta carrera fue para
ustedes, chicos!!!!!!!!!!!), a mis asistentes Dante (predeterminado)
y Juan (por efecto rebote), que se tuvieron que alternar llevando la
heladerita azul, a mis asistentes ocasionales Alejandra y Alfredo (doble
agradecimiento por el gran laburo pre-maratón,
Alfred), a mis compañeros de fondo de los domingos
(Inés, Martín, Carlos, Luli, Julio), a mis
compañeros de carrera Cecilia, Julio y Luli, que a
pesar de separarnos y seguir cada uno su ritmo seguían corriendo a mi lado, a
los que nos alentaron durante todo el recorrido, Verónica M., Belén S., Betina, Victoria, Belén G., Romina, la flía.
López, la
flia. Ferreyra,
Willy, Salgado, Dalma,
Marcelo B., Gastón V. (perdón si me olvido de alguno), a Nati, Laura, Mariano y otros (perdón II) que
estaban en la llegada , a mi amigo Marcelo
López, no solo por su buena onda y por ser un gran compañero sino
porque también, al igual que José Luis, me
deleita con su pluma. Y por último, a todos los que llegaron
después, a los que nos alentaron desde el foro, a los que quisieron estar
presentes y no pudieron, pero que igual estuvieron con su energía en nuestros
corazones.
Ya
estamos pensando en la próxima carrera, por eso tal vez este mensaje suene
entre cursi y desactualizado, pero el agradecimiento no tiene forma ni fecha de vencimiento. Claudio Quesada.