Talampaya 2007
Talampaya: una simple palabra relacionada a una carrera más; un lugar para ir de turista, un bonito lugar para tomar fotos. Pero jamás me habría imaginado lo que sucedería durante este viaje.
Después de tantas idas y vueltas se acercaba el día: charlas en casa de Marcelo para organizar el viaje, conocer mejor a los compañeros que haríamos este viaje, entre risas, pizzas, vinito y vivencias de los correrayuda comenzamos a sentir y a vibrar la carrera.
Las carpas, las bicis, la distribución en los autos, cuántos
autos, la distancia, que caminos tomar, dónde parar, la parada en casa de
Eugenio (todos nos preguntábamos: no seremos muchos? Cabemos?) sí, no hay
problema. Revisamos el mapa de rutas de
Se acercaba el día y con ello los últimos detalles, con
quién llevar la bici, si con el Club de Corredores o con
Otra parte que en lo personal me tocó enfrentar fue con las
cubiertas y las bandas kevlar. Cada uno con su librito bajo el brazo, que pon
esto, que quita, que mejor vete descalzo, no que mejor así, que la bici va a
estar pesada, que eso no sirve....bueno, bueno, ya me estaba cansando antes de
iniciar
El buen amigo Alfredo, alias Moyano, me orientó sobre las
cubiertas. Algunos se querían zarpar con los precios. Alfre me sugirió ir a
otro lugar donde le dio al clavo. La tarde anterior a la carrera me estaba
dando una charla técnica sobre cubiertas y bandas kevlar. Fue re chistoso
porque mientras colocábamos una cámara, chin! Se pinchó. Así que lo
teórico-práctico lo vivimos a pleno. A parchar se ha dicho.....y todo bien. Que
mejor clase que tener a alguien transpirando la gota gorda antes de
Luego pasamos a las comidas que me tocó estar en equipo con Eugenia y Eugenio. Tomando en cuenta las sugerencias de Marcelo para las comidas, fue mi turno de hacer las compras para los cuates, entre mail y mail, con pc y blackberry y strawberry quedó lista la relación de compras y chido, quedó de lo lindo. Uno que otro agregado y sugerencia, que la naranja no me gusta, que yo no quiero jugo, que mejor mermelada, que galletitas son infaltables. Bueno, hay para todos los gustos y eso es bueno.
Pero como siempre hay un pero cuando un hombre sale a hacer las compras, resulta que las latitas de atún eran muchas....jajaja, 6 latas. Bueno, al menos estaba garantizado que de hambre no nos morderíamos los dedos.
La preparación de la bici era importante. Además del entrenamiento, estaba la parte de la habilidad para cambiar la cámara, parchar, inflar.....a que hijo de su rechinar de muelas....otra cosa más que hacer. ¡no así no! Es más fácil así!! Sostenlo así!! Ahora pasa el coso por ahí!!! Fíjate!, ya se te paso al otro lado. Lo tienes que hacer otra vez!!! Uy! Esto es Talampaya, me late que mejor me voy a dormir!!!
En eso me dice Delia: llamó Eugenia, que pasa por ti. “Quééééééé??” por suerte tenía la mayoría de las cosas listas. Pero mejor ni hablemos de eso porque para la próxima no me van a dejar ir de viaje. No sé porqué caramba llevaba tres bolsos. Con la pena y todo, subamos las cosas que ya no hay tiempo de hacer nuevamente la maleta (el bolso).
Ya entrado en gastos no tuve más remedio que levantarme, abrir la ventana y ver otro día nublado.....me lleva condorito!!! Va a llover!! ¿hasta cuándo Dios mío parará de llover? Bueno, mi esposita Delia ahí estaba, lista para ayudarme con otros dos bolsos, que eran la mochila hidratadora y una de plástico con comida. Mientras yo sostenía la bici.
Beso a Jimena, “pórtate bien, cuida a Mamá, ya vuelvo, beso, te amo Hijita” .
Nos quedamos de ver en la ya afamada coordenada: Malabia y Santa Fé. Me dirigí a ese punto en bici, bajo la lluvia, pensando en encontrarme con Delia que bajó en colectivo; y por supuesto con el resto de los correrayuda.
Nada, derecha, izquierda, siguiente cuadra, parada de colectivo, volteo, nada.....qué caramba está pasando??? Nadie. En la esquina parado con la bici bajo la lluvia sin ver a nadie de los competidores a la redonda me entraron unas ganas de rajar con todo que hasta el estómago se me revolvió.
Por fin, veo a lo lejos a Carlos Nasep y Malena. ¡buenos días tenga su merced! Uf!!, al menos sé que empezaron a llegar, luego llegó Eugenio y tras de ellos Delia. Buscándome muy preocupada porque no me veía.
De a poco fueron llegando todos. Preparamos las bicis. Listos. Por cierto, qué hacía Eugenia en el Rosedal??? Gago y Fer tomando café en el barcito de la esquina.
Besos Mami, Dios te bendiga. Vuelvo pronto. Te amo.
Y arrancan!!! Bajo la lluvia (plaf, plaf, plaf) gotas por aquí, gotas por allá. Todo el camino con gotas de lluvia. Primera escala: en búsqueda de Hernán y Julio. Todo listo: Tamapaya allá vamos.
Y allá vamos y vamos y vamos. Yo compartía en el auto con Eugenia y Hernán, pues advertí desde nuestras charlas técnicas que no manejaba y que no tengo registro. Entre charlas, reflexiones, estaciones de servicio, que la chis, la música, el almuerzo, la revisión que todo fuera bien. Seguimos el recorrido por las rutas argentinas, yo ni idea por dónde íbamos.......... Chin!! Uyyyyy!! No puede ser!!! Alto total!!! Las bicis!!!
Chan, chan, chan, chan. El portabicis se rompió después de haber pasado una montaña rusa que no se veía en el camino. Un doble lomo de burro que nos llevó a hacer una escala obligatoria. Pobre, mi bici quedó arruinada de la llanta delantera. Estuvimos de luto unos instantes por mi bici y el portabici de Eugenia. Pero todos bien, no hubo más que lamentar. Solo unas fotos por aquí y por allá para registrar el evento.
Se reorganizó todo. Desarme de bicis. Nuevos compañeros de viaje hasta llegar a la famosa casita de Eugenio. Con lluvia.
Nos esperaba un lugar histórico, enorme, hasta misterioso. Una iglesia jesuítica que data del 1600 y algo. Muy linda. Espectacular. Eugenio fue de llevándonos por entre los pasillos de la iglesia indicando el lugar donde se quedarían algunos de los correrayuda talampayeros. Historias aquí historias allá...el rengo!!no sé. No quise escuchar más porque me iban a caer mal los fideitos que Marita la cocinera nos tenía preparados.
Una vez asignadas las habitaciones en la iglesia, llegó el turno al segundo grupo para ir a la casita de los padres de Eugenio y cada uno elegir su esquina. El viaje había sido mucho y nos faltaba el día siguiente antes de llegar al destino final.
Seguía lloviendo afuera o eso parecía. A dormir se ha dicho!! No habíamos dicho buenas noches cuando alguien ya estaba roncando. Yo me dispuse a escuchar música para concebir rápidamente el sueño.
Una mañana fabulosa. Cero lluvia. Poca nubosidad. Los caballos a trote suave por el jardín de Edén, perdón, de la casa de los padres de Eugenio.
El desayuno. Yo estaba tan cansado que ni me acuerdo de lo que se charlaba, solo veía mover las bocas entre comida y charla.
Ahora toca el baño......Eugenio!!!! no pusiste el calefón
para bañarnos con agua caliente!!! Ya lo pongo, ya lo pongo, dice el buen
Euge(nio). Yo me bañé con el agua fría, según dicen es bueno para
Ya de vuelta a la mañana siguiente y reunidos con el resto del grupo. Nos dispusimos a darle la turisteada al lugar. Simplemente hermoso. Fotos a diestra y siniestra como orientales con sus cámaras digitales. Indescriptible, todo verde, entre que se desaparecían los rayos del sol, entre nubes, caminata y algo más, disfrutábamos de cada metro de la hacienda, terreno, iglesia, que se yo.....un pedazo de tierra maravilloso que Dios creó.
No cabíamos del asombro al caminar entre las paredes, puertas y ventanas que murmuraban a nuestra mente llevándonos a un mundo de imaginación contando las historias que en cada rincón sucedieron.
No tenían frío?? Esta ruedota para qué es? Aquí que hacían? Así vivían? Quién se habrá sentado en esa banca? Cómo se iluminaban las habitaciones? No sé, cada simple pregunta por muy tonta que fuera, estaba bien planteada para ir descubriendo la historia detrás de esas paredes.
Este lugar está bueno para venir y hacer una carrerita de aventura.....y porqué no??
Verde por todos lados, azul arriba, espinas por todos lados y unos hermosos caballos de la familia de Yenka que no se quién fue el que exclamó: que caballo más raro!!!! Era una llama!!
Salimos. Nos dirigíamos a nuestro destino final escuchando
una música muy particular...
Por fin llegamos Talampaya. A desempacar. Y mientras algunos llevaban las cosas para disponer del lugar de las carpas, Eugenia y yo nos dirigimos a Trek para dejar las bicis, previamente Marcelo Perotti ya había hablado con el chico que estaba al frente.
Cuando vieron mi llanta fue un golpe bajo. El chaparro ese que recibió mi bici parecía un organizador de la carrera, como un juez de competencia sentenciándome a no hacer la carrera, me desahució así nomás, viéndome como bicho raro, “tu, mijo, no corrés más”. ¡quéééé! Estás operado del cerebro muchacho......así que tuve que ver otra posibilidad. Por suerte estaban los de Milenium que me salvaron, ya que tenían por suerte una llanta de repuesto.
Primer día. Conteo final. Revisión de bici. Buena onda entre todos. Algunos consejitos finales como los de Yiya, “vamos despacito porque el comienzo es de bajada”.
Bueno, largamos. Espero no caerme.
Desde el comienzo traté de ir reservado, conociendo el terreno. Eugenia, mi compañera de equipo ya iba adelante y comenzaba a buscarme....”¡cuate!, cuate!!! “Ahí voy, le decía”. Bueno, a unos cuantos metros empezaba la aventura, arena, choques, griterío, quejas......yo decía, esto recién comienza, porque se enojan?? Continuamos, más arena y piedras. Yo de los nervios tenía reseca la boca, me agitaba muy rápido. El desconocimiento técnico para enfrentar este terreno me estaba poniendo más nervioso cada vez. Y cada vez más me iba quedando atrás. Eugenia por supuesto hacía un parate pequeño hasta que llegaba yo.
Y les adelanto y resumo sobre este tema porque todo el tiempo fue así. Me decía que le gritara cuando me fuera alejando de ella, el tema fue que a penas iba a gritarle Eugeeeeee.........ya no estaba. Iba adelante la chamaca esta, tenía una fuerza increíble. Y yo, más nervioso.
Como sea le pedaleaba. Como no tenía claro el tema técnico, en las zonas donde debía bajar un cambio y hacer más ligera la bici, yo le aumentaba porque decía, yo tengo fuerza en las piernas, podré salir de esta fácilmente, pero.......todo lo contrario, la bici se me quedaba y pasó lo que tenía que pasar.....la cadena reventó.
Aproximadamente a los 6k sucedió esto. Fin de la carrera!! Pero si apenas empieza! Qué hago!!!? Dios mío!!! Y yo sin ver a Eugenia porque ya había llegado al otro planeta. Chin! Y ahora? Tomé la bici y a trote...”tengo que terminar esta carrera a como dé lugar”. Preguntaba a los que me pasaban si sabían arreglar cadena........NOOOOOO......”No sé” me decían.
Eugenia regresó y le di la mala noticia que había reventado
A pedalear. Continuamos el recorrido bajo el calor intenso. Los nervios me mataban. Tenía sed constantemente. Yo sólo estaba enfocado a mover las piernas, deseando que todo terminara pronto. Tenía mucha precaución de no reventar la cadena, así que decidí ser prudente y no jugármela. Pensaba en mi amada esposa Delia y escuchaba esos gritos de aliento que siempre me da ¡Vamos Yoyito tú puedes! Y en mi amada hija Jimena, que siempre me ha demostrado tener más valor que otros.
Uf!! Terminamos la primera parte de bici, comienza el
running hacia
Paso a paso nos fuimos adentrando a uno de los lugares más
fascinantes del mundo, un espacio que es patrimonio de la humanidad, un lugar
donde pocos, muy pocos pueden entrar. Pero ahí estábamos, dirigiéndonos a
Caminar entre esos monolitos naturales y figuras caprichosas talladas por el tiempo, nos dejaban jugar como niños en un laberinto, con figuras que parecían una pequeña ciudad. Fue increíble.
Al terminar el recorrido por la ciudad y hacer una escala técnica para sacar la arena de mis zapatillas, enfrentamos la cuesta arriba entre peñascos, piedras sueltas, algunas rocas que parecían cuchillos esperando a su presa para darle su merecido. Cuando de repente un gato loco montañés pasa a nuestro lado, sin pechera, sin mochila, con una radio en la mano, brincando de aquí para allá....claro, era Tagle, miembro del equipo Team Argentina que por suerte no estaba en competencia.
Bueno, nos acercamos a la parte final de la cuesta cuando de repente se escuchó una cascada de piedras....hijo de su madre....había sido Tagle que entre sus brincos, dejaron caer unas cuantas piedritas, no vi cuántas eran, pero por el ruido que hicieron dos eran suficientes como para reventarle la cabeza a cualquiera. “¿Están bien chicos? ¿Todo bien?” ¡Hijo de su madre! A Dios gracias que no veníamos justo de tras de él porque si no, algo macabro habría sucedido
Llegamos a la cima, camino de regreso. Qué hermoso paisaje,
No sé si Tagle nos quiso compensar por lo que había sucedido atrás. Pero a Eugenia y a mi nos hizo desviarnos del camino. “Paren chicos un momento, vengan por acá y sigan corriendo normalmente, no vean a la cámara, es para tapa de revista”. Sí cómo no!!! Sírveme otra de tepache!! (es una bebida dulce típica mexicana, muy fresca para épocas de calor, se extrae de la piña (ananá).
Qué tipo! Primero nos deja caer unas piedritas, luego, nos
desvía del camino y encima, cuando hacíamos el recorrido en el que nos
desvió.....ya no había más camino!!!! Eugenia paró de inmediato porque tenía
literalmente
Regresamos al segundo recorrido de
Vengo por el boulevard pajareando, como les digo, las caídas
seguían retoñando por doquier, rodillas prensadas con la orquilla, con piedras,
cualquier cosa, pero ahí estaba feliz de verme terminar la primera etapa de
Necesitaba agua....me quedo atrás de un grupo de bikers cuando de repente veo que se están desviando y no entendía porqué....¡agua Joel, agua! Me gritó Eugenia, dale que no queda más agua......como pude, llegué a abastecerme de agua del amigo que estaba indicándonos el camino. “Mil gracias” -le digo-, Ahhhhh! Que frescura, fue como tomar dos geles a la vez.
“Vamos Joel que falta poco” la voz inconfundible de Eugenia alentándome a terminar. Claro, faltaba nada...un par de kilómetros creo. “Vamos que llegamos, vamos que llegamos, a rueda, a rueda, ahí están los arcos de llegada, vamos que llegamos, ahí están los arcos!!!” ¡Vamos Joel! ¡Vamos Joel! ¡Vamos Joel!
Fueron los gritos de quienes habían llegado al arco primero que nosotros.
5 horas, 18 minutos, 40 segundos decía el reloj.
Abrazos. Terminamos la segunda etapa. El recibimiento en la
llegada por la Tv, los medios, ¡Somos famosos! ¡saldremos en la tele! “A ver,
una foto” no era la tv, era Vero Pasquette con cámara en mano registrando
nuestra llegada, bajo el sol, a full!! No saben, cuando me di cuenta que era
ella sentí un alivio, una renovación de fuerzas. Saber que alguien te estuvo
esperando después de una jornada difícil para TODOS, casi me hace llorar de
El grupo, relajado, tomando agua, tomando una duchita. Charlando, compartiendo experiencias, risas, picando algo bajo la sombra, hidratándose. Hacía vientito y a la sombra refrescaba un poco. Pero era un sol a pleno que valía la pena disfrutarlo. Esperando y con cierta inquietud, esperábamos al 111.
Aplausos!!!! Vamos el 69, llegó la categoría 111. Nasep y Yiya llegaron. Se abrieron paso como el pueblo de Israel cuando cruzaron el Río Jordán en medio de las aguas, caminaron como en tierra seca. Victoriosos. ¡Qué orgullo de muchachos! No los levantaron. Grande estos chicos!! La rompieron.
Después de hacer cada quien sus cosas en el campamento y listos para descansar y concentrarse para el día siguiente, a mi me pasaba algo muy extraño. No podía levantar cabeza, no creía salir al día siguiente como un águila para levantar vuelo. Tenía miedo y estaba inseguro de continuar. Hasta ahora, si Eugenia lee este relato, se va a enterar de que no quería largar el segundo día. Me había dado por vencido. Pensaba en sugerirle a mi compañera de equipo que corriera junto a Julio que mejor le podría ir antes que conmigo. Fue dura la carrera y no quería dar más. Cadena rota, la atrasé mucho. Me di cuenta que muchos equipos nos pasaron y al ver la clasificación ahora, me doy cuenta que se pudo hacer un mejor tiempo. No tenía la fuerza para continuar.
Me mantuve callado. Meditando en el día siguiente. No creo
que lo logre. Buscaba la manera de decirle a Eugenia que buscara a otro
compañero o que hiciera sola
5:15 de
Un poco más de 2km caminando con la bici en mano hacia la largada, yo me sentía como una oveja que va al matadero y encima, en mano con lo que me iban a inmolar. Zaz!!! No podía levantar cabeza, callado, callado, callado. Y el día como amaneció no me daba ánimos, frío, nublado y a punto de llover.
Dejamos las bicis en el parque cerrado, hoy comenzaríamos con 10k de running aproximadamente. Que vamos a poner gaitoreid a la caramañola, que amárrame las zapatillas, que deja unos cereales para no cargar más, deja a un lado el cortacadenas, que el casco de bici, que la gorra y los anteojos. Todo lo que nos pudiera dar más peso para correr lo dejamos.
5,4,3,2, 1.....!suerte! Allá vamos.....nunca le pude decir a Eugenia cómo me sentía en este segundo día.
Primeros pasos....bien! bien!! Hay piernas. Corríamos, el recorrido se fue haciendo más amigable, comenzaba a sentir cierto relax. Disfrutamos. Fotos arriba, que hay que pasar por los conitos para que el tapetito lea el chip y quede registrado los tiempos clasificatorios, otra fotito, saludando a los correrayuda que nos cruzábamos. Alegría comenzaba a reverdecer en mi corazón. Vamos de regreso, de bajadita. Más bajadita. Más velocidad, calculé el tiempo y me parecía bueno.
Llegamos al parque cerrado, transición. Ojo, nos dijeron que iba a estar mejor que el día anterior. Sí, cómo no!! Empezó la pedaleada y la tranquilidad venía acompañándome. Al menos en los primeros metros venía atrasito de Eugenia, y como el día anterior, más arena y una bajadita de la bici para caminar. Me sentí con más confianza cuando vimos en la bici casi a la par a Julio y Hernán, que el día anterior ni los ví porque nos dejaron muy atrás.
Bueno, continuaba la bici y de a poco mi confianza aumentaba. De repente, escucho que Julio le grita a Hernán para hacer una parada. “Algo pasó-dije entre mi- espero que no sea algo grave con la bicicleta”. Seguimos. Tenía en mente el momento en que nos pasaran pero no sucedió así.
No sé porqué, pero me sentía mucho mejor de ánimo, el terreno si bien era difícil, los consejos técnicos de Eugenia y Marcelo dieron sus frutos. Al menos, la cadena no se reventó y mi confianza acrecentaba. Río arriba, no importa, más arena, no importa, continuaba pedaleando. Claro, seguía con al misma tónica, atrás de mi compañera para no forzar la bici y quedarnos por ahí tirados por última vez.
Llegamos por fin a la segunda etapa de 2,5km de running para darnos paso entre grandes murallas, ahora con un clima de 7 grados aproximadamente. Tal vez más tranquilos –claro, con su respectiva foto del lugar para dar testimonio de que por ahí anduvimos- sin necesidad de apuro pero con paso constante llegamos a la “piedra” de control en la que los equipos tenían que tocarla o al menos ser vistos por la chica del puesto que apuntaba el número de equipo que cumplía con esa parte del recorrido. Parecía un cavernícola entre esas piedras resguardándose de la lluvia y del frío y por supuesto, rodeada de varios hombres como aves de rapiña esperando a su presa.
Al tocar la piedra inmediatamente reflexioné sobre la
importancia de tocar ese punto, porque de ahí valía
De vuelta a las bicis y el tramo final. En ese momento miré el reloj para ver el tiempo que llevamos de carrera y esbocé una leve sonrisa de confianza al darme cuenta que si seguíamos a ese ritmo haríamos al menos 5 horas –nada mal después de la paliza del día anterior-. No parece que va a ser difícil, ya no hice y lo volvería hacer y más si es de bajadita. El terreno de a poco lo empecé a sentir mejor, más firme y con menos caídas que el día anterior, pero el tema era la cadena, que no quería forzarla o yo pedalear más fuerte para que esta no se fuera a reventar nuevamente.
Con paso firme y seguro continuamos el descenso. Era perceptible que íbamos de bajada pero yo seguía sin alcanzar a Eugenia. Por algunos momentos nos daban alcance algunos competidores, con otros íbamos mano a mano, algunos nos pasaban. Una que otra caída espectacular pero ya nada importaba, estábamos encaminados al final.
Me sentía tan bien que en algún momento creía que estaba haciendo como “sandboard” o algo así, nada más sentía como patinaba la bici y coleteaba de un lado al otro. Como me dijeron “toma velocidad así no te quedas en la arena”, pues hice caso y así enfrentaba cada obstáculo. De pronto, un lugar que se me hacía familiar, había algo de particular en ese lugar......¡parece el tramo final!
Eugenia comenzó a viva voz “¡Cuate, Joel, vamos que llegamos, ahí están los arcos!” Seguí pedaleando para salir lo más pronto de la curva que no me dejaba ver los arcos de llegada que mi compañera me había advertido. Veo gente en bici adelante, veo a quienes en algún momento nos pasaron, mis piernas dijeron “¡Basta! Démosle con lo que tenemos!!! Ahí están los arcos. No me importa la cadena, que reviente si quiere pero yo ya voy a llegar, caminando si es necesario pero ya está. Ya casi llegamos, Eugenia se desvía un poco a la derecha, sigue pedaleando, le cuesta trabajo mantener el ritmo, había demasiada arena y el suelo estaba muy pesado. Yo con el envión, seguí por la huella de los autos sin darme cuenta que me estaba desviando de los arcos, estaba como loco pedaleando con la mirada fija en el suelo. De reojo veía a Eugenia. Escuché unos gritos delante de mí, levanté la cabeza y una chica de la organización brincaba y me señalaba desesperada el camino de llegada....ufa....me desvié y tuve que bajar porque estaba repesado. “¡Vamos Joel! –me grita Eugenia- lleguemos en bici”; a lo que yo le contesté “no, lleguemos al menos caminando” ¡Vamos! Como pude subí a la bici, pedaleé y con dignidad, cruzamos la meta.
4 horas, 55 minutos y 22 segundos. Carrera terminada en 10:14:32 hrs.
Alegría y un gusto enorme por haber terminado tan gloriosa carrera. No cabe duda que el corazón es más grande que las piernas o cualquier sentimiento que te impida seguir adelante. Cada uno a su ritmo, respetando al compañero se logran grandes cosas. Para eso es un equipo. Y por supuesto, disfrutar.
Otra travesía fue el regreso. Ordenar las cosas, levantar el campamento. Comer. Charlar y compartir experiencias de la carrera a cada momento. Lavarse con pervinox y agua oxigenada para higienizar los rasponcitos, perderse detrás de los matorrales para ducharse tranquilamente en medio de la naturaleza, escuchar la llegada de los correrayuda 69-111. Todo eso, también es otra historia que se resume en una cosa: disfrutamos la carrera, llegamos completos, terminamos, de regreso a casa nos espera un largo viaje.
Llegué. Hola Mamita. Te extrañé. Te amo. Y la Gordita ¿cómo está?
Agradezco a Dios por la vida y la oportunidad que me dio disfrutar lo que El ha creado: Argentina.
Agradezco a mi Amada Esposa el espacio que me da para disfrutar lo que tanto ella disfruta.
Agradezco el apoyo y el compañerismo de Eugenia en toda la carrera.
Agradezco a Marce y Vero la preparación física que me brindan.
Agradezco a Eugenio la humildad con la que nos hospedó.
Agradezco a Yiya, Nasep, Julio, Hernán, Fer, Gago, por estar ahí y formar parte de este capítulo de mi vida.
Señores, muchas gracias.
Joel “Tu Cuate” Mejía