COLUMBIA TALAMPAYA 2007
(Un relato interactivo por Fer Tobal)
Tratando de amenizar un poco este relato, introduje en esta oportunidad un entretenimiento. En algunos tramos del relato el lector se encontrará con una letra y puntos suspensivos. Deberá com-pletar las palabras faltantes, y luego, al terminar la lectura podrá leer las soluciones al final de este relato. Por eso decidí bautizarlo como "relato interactivo".
EL COMPAÑERO
Cuando me enteré que se volvía a correr esta carrera, rápidamente procedí a la búsqueda de compañero para no perderme la oportunidad de conocer otro de los maravillosos paisajes que ofrece nuestro país. Así que me puse a pensar a qué gran corredor de aventura podría encontrar para ésta. Tendría que ser alguien con mucha actitud para soportar el agobiante calor del desierto riojano, con la suficiente fuerza para pedalear sobre arena bajo ese sol calcinante y eventualmente luchar contra el flagelo de las pinchaduras de cámaras que, nos había advertido el profe Perotti, era muy común en esta carrera. Como no lo encontré, pensé en alguien que al menos me cebara mate en el auto, o no se quedara dormido para charlar conmigo mientras manejara, alguien que colaborara cocinando o lavando platos. Pero como no lo conseguí, le propuse correr juntos a mi amigo Gago. Así quedó integrado el equipo Correrayuda Tetra y Cuatri.
EL VIAJE
Estuve en la casa de Gaguín a las
Una vez reunidos los 11 Correrayuda
que iniciaríamos juntos este viaje, partimos con rumbo al campo de la familia
de Eugenio en Córdoba, donde cenaríamos y dormiríamos para partir a nuestro destino
final en la provincia de
Eramos 5 equipos: Marcelo Cacique
Perotti y Eugenio Bulygin, Joel Mejía y Eugenia Garmendia, Carlitos Nasep y
José Luis Yiya Oyarzábal, Julio Corzo y Hernán Cabrera y quien les escribe y su
compa. Todos alentados y fotografiados por
Luego de larga travesía sin
inconvenientes, llegamos a Colonia Caroya (paraíso del salamín y la picada).
Unos pocos kms más y arribaríamos a
atravesar este lugar sin incidentes hubo que dopar a Yiya, para lo cual el Dr. Nasep facilitó algunos poderosos psicofármacos para dormirlo primero, y antidepresivos para calmarle la depresión después, cuando se hubiera enterado que pasó por semejante oasis sin pena ni gloria.
Como todos mis compañeros, yo esperaba llegar a una casa de campo, pero grande fue nuestra sorpresa, cuando nuestros autos arribaron a un convento Jesuita del siglo diecisiete. Resulta que Eugenio resultó ser descendiente de un gobernador de Córdoba del año 1700 y algo, que había adquirido oportunamente el convento y sus tierras linderas.
Así que sin más, nuestro anfitrión procedió a abrir a pesada puerta del convento para asignar habitaciones a quienes dormirían esa noche en el convento. La escena es fácilmente imaginable: noche de lluvia con relámpagos y truenos incluidos, convento vacío, pasillos oscuros, y 11 personas caminando por esos pasillos, subiendo y bajando escaleras y atravesando antiguas puertas. Nos sentíamos en una película de terror, sólo faltaba el asesino misterioso. El murciélago me parece que no, porque algo que parecía un pajarito revoloteó en algún momento por sobre nuestras cabezas. Ante este panorama, ya teníamos un par de machazos sufriendo cagasus tremens. Aunque me lo pregunten 1000 veces, no voy a decir que M….. G…….(1) y que J…….. M…….(2) eran los que mas sufrieron.
A todo esto al pobre Gaguito un "viento" le cerró la puerta del baño y otro "viento" le cerró el portón del convento cuando todos estábamos afuera. De repente se escuchó un hilito de voz que
decía "auxilioooo, me quedé encerradoooo". Pero por suerte a los cinco minutos apareció Eugenio y rescató al pobre p…….(3)
Esa noche saboreamos los fideos caseros de Marita, mujer famosa en el pueblo por su c…...(4)
A la mañana siguiente, habiendo descansado y desayunado debidamente, nos fuimos junto con Eugenio a la c………(5) de su hermana. Ahí disfrutamos de unos p…..(6) espectaculares.
Luego nuestro anfitrión nos llevó a conocer las caballerizas, donde mi compañero al ver a la única llama entre tantos caballos, esbozó la frase célebre del dia: "¡que caballo raro!".
Finalizada la visita al convento (esta vez de día), nos subimos a los carros con destino final Talampaya.
EL CAMPAMENTO
Llegamos a Talampaya a eso de las 18.00 del día viernes luego de un accidentado viaje donde perdimos un porta bici, pero felizmente las bicis se salvaron. Yo me puse a armar ágilmente mi carpa nueva bajo la dirección técnica de Julito Corzo, el hábil cebador de mate que nos acompañara en mi auto durante el viaje. Bajamos todos los bártulos, nos acomodamos debidamente, e iniciamos los preparativos de todos los elementos para la carrera que empezaría el sábado a las 10 de la mañana. El campamento estaba entrando al parque a unos 10 kms de la ruta, y estaba enclavado en un típico paisaje desértico con algunos arbustos y arena roja, con cantidad de hormigas al tono.
El primer día, o sea el sábado,
largamos a las
dónde
poder pedalear. Y allí residía el peligro de pinchar, ya que saliendo de la
arena blanda pasábamos pedaleando entre plantas plagadas de espinas, con un
montón de ramas dispersas por el suelo que debíamos esquivar si no queríamos
pinchar. Luego de haber recorrido 18 kms invictos de pinchaduras, nos bajamos
de las bicicletas para un running de 10 kms siempre sobre arena,
para dirigirnos a la increíble Ciudad Perdida, una serie de formaciones rocosas
talladas por la erosión de coloración rojiza y formas múltiples. El calor
apretaba y mi compañero se negaba en cierto punto a dejar de caminar hasta que
mencioné las palabras mágicas: ¡¡¡ COYÉ GAGUIN !!! El
tipo por reflejo condicionado empezó a correr ya que rememoró aquella carrera
en Misiones en la que
Fin de
Volvimos enteros a las bicis, y partimos rumbo al punto de largada. A los pocos metros mi compañero se adelantó, mientras un servidor comenzaba accidentadamente la etapa empantanándome en la arena y con un par de caídas. A los pocos kms (que me costaron bastante) me vuelvo a caer y cuando logro levantarme me encuentro con Gago que había pinchado las 2 ruedas y me estaba esperando porque el b……(8) de m…….(9) había llevado una sola cámara de repuesto y.. ¡¡¡NO LLEVO INFLADOR!!! Habiéndolo provisto de cámaras, y de un inflador que se empecinaba en no funcionar, terminamos de armar como pudimos para poder seguir. Con tan mala suerte que a los pocos metros, vuelta a pinchar. Agotamos así el stock de cámaras (las 3 que llevaba yo y la que llevaba él), y a manguear infladores a las almas caritativas que quisieran ayudarnos. A todo esto perdimos como una hora y el sol seguía castigándonos. Hasta que al fin pudimos seguir hasta completar todo el periplo en casi 5 horas, y con mi compañero llegando con una rueda semidesinflada. Atravesamos el arco blanco de llegada, y nos juntamos con el resto de los equipos a descansar bajo la sombra mientras comíamos de la viandita hábilmente preparada para la llegada por Yiya, esperando ansiosamente el arribo de nuestros niños mimados, los Champagne. Estos aparecieron casi 2 horas después cuando todos estábamos con la vianda vacía y las p……...(10) llenas.
Vuelta al campamento para clavarnos con Gaguito un suculento vacío a la parrilla y una ensaladita para reponer fuerzas, descanso, cena de carbohidratos, charla previa, y a la carpita a descansar para el día siguiente.
Segundo día: arrancamos con un running de 10 kms por un camino arenoso (para variar) en leve subida, rodeados de unos impresionantes paredones de 150 o más mts de altura. Como largamos
7.30 hs de la mañana y estaba bastante fresco, había decidido ponerme remera de manga larga debajo de la pechera. A los 10 minutos de haber largado ya quería sacármela ya que entre la arena y la subidita, fue muy rápida la entrada en calor. Para no perder tiempo respecto de mi compañero y ya que venía bastante bien en la arena (debo ser descendiente de beduinos), aceleré un poco entrando a pasar unos cuantos corredores con el objetivo de sacarme la remera, guardarla en la mochila y esperar a mi socio para seguir juntos. Así que luego de haber pasado el punto de retorno, que era una rotonda, me puse a un costado del camino, y como Gaguin no aparecía saqué la camarita y disparé algunas fotitos a los amigos mientras iban pasando. Cuando apareció el tipo, arrancamos juntos y de ahí en más no nos separamos hasta volver al arco de llegada. Allí tomamos las bicis. Nos esperaban 17 kms de más arena, ¡en subida! En este tramo mi compañerito, que venía bastante filtrado, se parecía más a un nene molesto que a un corredor de aventura. Algunas frases célebres : "¿cuánto falta?", "¿cuánto te marca la compu?", "¡tengo el c…….(11) roto!", "decí que la arena es colorada, sinó ni en pedo vuelvo a pisar la playa", "me parece que no voy a poder volver". Final del sufrido tramo de bici, y a correr (o más bien trotar) unos 3 kms por un cañón bellísimo, donde pudimos observar el único hilo de agua que mojó nuestros pies en estos dos días de carrera. Aprovechamos y ya que no aspirábamos a podio alguno, sacamos algunas fotitos. Vuelta a la bici, ya me esperaba otro concierto de quejas, cuando al rato de empezar a pedalear: milagro!!! Gaguito había resucitado, así que sin hablar tanto y menos aún quejarnos, nos dedicamos a desandar los 17 (o más bien 18) kms que tanto habían costado, más bien ligerito. En este tramo este servidor se llevó algunos recuerdos de Talampaya puestos en el cuerpo (un par de palos como en mis mejores épocas), pero decí que era arena sinó...
Final con cruce de arco añorado, medalla, aplauso y beso, y a volver al campamento A COMERRRRRRRR. Allí nos esperaba la gran cocinera de Bubu, que se pasó la mañana picando zanahorias y pelando arvejas para prepararnos un exquisito risotto primavera. Luego de comer como príncipes, y de que Gago hubiera lavado los platos (chiste, chiste), a desarmar el campamento y a los autitos.
EPILOGO SINTETICO
Vuelta a lo de Eugenio. Cena en
la ruta. Bife con papas fritas. Budín de pan y café. Dormimos ¡sobre colchones!
Al fin un baño calentito!!! Desayuno con amigos.
Compra de embutidos varios en Colonia Caroya. Yiya feliz. Ruta
Córdoba-Rosario cargada de camiones, colectivos, autos, motos, tranvías,
helicópteros, tractores, bicicletas y triciclos, velocípedos, diligencias y
sulkys. Cafecito en
AGRADECIMIENTOS
A todos los compañeros de este divertidísimo viaje, por los grandes momentos compartidos. A los que no vinieron y se acordaron de nosotros.
Mención especial para mi compañero y gran amigo Gaguín, víctima de este relato (jodete hermano por ser tan personaje), con quien nos esperan otras carreras (y otros relatos).
SOLUCIONES
1. muchachos gemían
2. jóvenes miedosos
3. prisionero
4. cocina
5. casa
6. paisajes
7. corriendo
8. bueno
9. marcelo
10. panzas
11. culo (esta la puse para que acierten alguna)