El viaje empezó como cualquier otro de una familia tipo: “CATASTRÓFICO”, salimos más tarde de lo previsto y nos olvidamos la mitad de las cosas previstas, a las 3 cuadras dudamos si habíamos cerrado todas las ventana y yo no recodaba si había ropa tendida afuera…no importa, estábamos en camino. Ya por Panamericana nos habíamos aclimatados al caos así que siguió como todo viaje normal. Contestamos innumerables veces la pregunta  ¿Cuándo llegamos?,  paramos 3 veces por supuestos “pises” que no eran tales, nos peleamos con mi marido porque “en el auto no se pueden comer galletitas” y a los chicos no se los puede tener a pastillitas 300 kms ¿me entienden?…. (pero esto último se revirtió al regreso, porque el barro hizo que las miguitas fueran insignificantes… Ja ja!)  y muchos  etc…

 

Al fin llegamos a Colón. El tiempo no le aflojaba  y poco a poco fui mentalizándome que la carrera no iba a ser todo lo “sencillo” que iba a buscar teniendo como parámetro Tandil (mi primer experiencia en carreras largas ¡¡¡ una guachada!!!!!….). No me importaba tampoco, no me arrepentí jamás de estar ahí porque desde la llegada al hotel empecé a vivir un viaje lleno de buenos momentos. En la puerta los veo a los Profes, a Luli y a Marga y otros Correrayuda que no termino de conocer aún. Ahí mismo salió el plan almuerzo; saliendo encontramos a Alfred, Delia, Laura y Viviana que luego también estarían en el restaurant. Comimos y terminado el almuerzo todos nos fuimos a descansar un poquito para volver a encontrarnos con los mates en la Playa . Para esto último me fui equipada desde BA con unos brownies que me costaron unos celitos de mi marido porque supuestamente “para él nunca los hago”…. (mentira! los hago pero en  casa nos los come!…) .

 

Llegamos a la Playa (con los chicos y los brownies, porsu) dispuestos a lo que el tiempo nos dejara. Y nos encontramos con el armado del “Nuevo Gacebo”, adquisición del Team, que nos pusimos a armar entre los que habíamos llegado: Dante, Ale Zucchi, Marga, Vero, Eugenio, el profe al final. Todos bajo las órdenes de Luli.  Quedo DI VI NO… pero el viento nos dejó disfrutarlo poco y fuimos a buscar nuevo fogón para acomodarnos definitivamente. Llegaron más amigos, todos con algo entre las manos (comida, obvio) Moni Hamra y Sergio, Dalma y Marcelo, José, Grace, y perdonen las omisiones porque no conozco todos los nombres… pero éramos algunos más. Hasta el mágico Yiya estuvo presente a través de una encomienda de salames y quesos que estaba buenísima!!!!! Entre mate y carla cayó la noche (y la lluvia) y de a poco levantamos campamento. Emprendimos camino a la charla previa.

 

Abrevio esta parte porque fue como todas la charlas: poco clara y pareció referirse a otro recorrido: se mostraron 2 tranqueras que nunca se pasaron, el arroyo se multiplicó por 4 y los pantanos nunca se vieron en el video… Aunque esta vez creo que los 26.6 fueron 26.6…

 

Y llegó la carrera.

Los profes me pasaron a buscar porque marido+hijos se quedaban durmiendo un rato más… (@#%$&&##@@!!) . Llegamos a la Aurora, empezamos a unirnos con el resto de los correrayudas que ya estaban allí y empezó mi cuenta regresiva para una nueva aventura personal. Largamos. Había barro, mucho barro, pero se podía. Tomé mi primer referencia en la 1er posta y estaba muy lenta, me propuse bajar el tiempo hasta el próximo relevo y lo conseguí; allí la cruzo a Vero que me grita --vamos Pau! van 14, ya hiciste más de la mitad!.  Iba bien, estaba muy contenta. Cuando estaba llegando a la 3er posta de repente todo se frenó porque se armó una fila para pasar de a 1 por la soga del último arroyo.  Eso me mató, fueron por reloj 15’ parada más el cruce por el arroyo. Empecé a sentir puntadas en la cintura y en los isquiotibiales, y mis gemelos estaban totalmente acalambrados.  Ya no pude retomar el ritmo pero por allí estaban Dante y Vero que habían terminado sus postas y estaban terminando el recorrido a modo de fondito y me “empujaron con su aliento” hasta la meta. Hice los últimos metros como si no me doliera nada. Llegué. Y fue como un masaje instantáneo ver a mis nenes corriendo para darme un beso y un abrazo… lo mejor que me puede pasar al terminar una carrera.

 

 

Para mí, esta fue una batalla ganada: al clima por su inclemencia y sus azotes de agua , a la naturaleza porque a raíz del clima se volvió más compleja, al cuerpo porque SIEMPRE me dice basta antes de tiempo y a la cabeza porque cuando el cuerpo dice basta es la que empuja…

 

Gracias por dejarme compartir con todos Uds. estas experiencias maravillosas!

 

Hasta la próxima. Paula.