CARRERA DE SELVA
El Soberbio (Misiones), 29 y 30
de abril de 2007
Finalmente volví.
Tuve todo un año
para sacarme las piedras que me llevé puestas de los caminos misioneros en la
anterior edición de esta carrera. También todo un año para practicar la disciplina
que más me costó el año pasado. ¿Running?, no.
¿Bici?, tampoco. ¿Kayak?, menos. Lo que estuve practicando a morir es
GOMERIA, ya que en aquella ocasión entre mi compa y yo pinchamos 5 (¡¡¡ CINCO
!!!) veces. Ello nos costó perder la pelea por la punta (la de adelante, porque
la de atrás era casi nuestra). El master en gomería ciclística incluía la
materia Emparchado Nocturno, que tantos disgustos nos había dado.
Este año, con el acompañamiento de mis amigos de
Correrayuda, Nati Suppa, Ale Quirini, Marcelo Gago y el habilidoso cebador
automovilístico Keko Fernández Arias, nos subimos a los autos rumbo a las
coloradas tierras misioneras, cargados de ansiedad, bicicletas, bolsos,
bolsitos y bolsones, y en mi caso cargado de cámaras de repuesto (que tipo
traumado, no?).
Previa parada en el ACA de Santo Tomé, donde palpitamos
la previa con vista al Río Uruguay mientras degustábamos delicias gastronómicas
varias y disfrutábamos del fabuloso paisaje junto a la pileta del hotel en un
hermoso día soleado, surgió entre nosotros el interrogante: ¿y si nos quedamos
aquí?. Pero como masoquistas que somos, decidimos resistir la tentación y
seguir camino no sin antes dedicar una fotito a nuestro amigo Yiya con el santo
del lugar o sea Santo Tomé (shalú!).
Pero basta
de previa y vamos a :
Largamos con un running de 7 kms mayormente en subida,
atravesando ruta y caminos rurales, y que a su final nos depositaría en la
orilla del Río Soberbio para subirnos a los kayaks. Allí comenzaba un recorrido
por este hermoso río de selva, que se encuentra encajonado entre laderas de
monte de una vegetación increíblemente verde y tupida. A poco de empezar
nuestra travesía nos encontramos con que teníamos que atravesar un par de
rápidos, lo que agregó un poco de adrenalina al ritmo del desplazamiento de los
“sit on top”. Mientras algún que otro kayak se daba vuelta en estos rápidos, me
dí cuenta que la clave era mantener la proa derecha, ya que si la corriente te
pone de costado sos boleta.
También me dí cuenta de la diferencia de velocidad a
favor de los dobles, razón por la cual me era imposible sostener el ritmo del
kayak de mis amigos Nati y Gago. Asi que me dediqué a remar solito, y paso a
paso (como decía el hombre de la estatua de bronce) fui pasando 7 kayaks individuales
a lo largo de los 12 kms que duró esta etapa. Y que conste que si no pasé más
kayaks, fue porque el dolor de tujes y la pierna izquierda que insistía en
dormirse, me obligaban cada tanto a dejar de remar y levantar un poco el cucu
durante unos segundos para dejar circular un poco la sangre.
Sobre el final de la travesía, el Río Soberbio desemboca
sobre el Uruguay, y nos depositó en la costa de El Soberbio, en el PC1,
coincidente con el arco de largada de la carrera. Allí nos esperaba nuestra mountain
bike, y un primer tramo de 33 kms que nos dejaría en el PC2 de Colonia Paraíso,
donde tendríamos una parada obligatoria de 40 minutos para descansar y
reponernos. Este tramo, que yo me imaginaba sería de lo más duro de la carrera,
incluyó todo tipo de tortura ciclística como interminables subidas de varios
kms de ruta asfaltada y pendientes de todo tipo, bajadas por caminos de tierra
con piedras de todos los tamaños en las que te sentís un obrero que taladra
calles para asfaltar antes de las elecciones, y nuevas subidas por los mismos
caminos recontrapiedrosos.
A poco de llegar al ansiado PC2, llegó el momento del
cruce del Río Paraíso en balsa. Cabe aclarar que en la charla previa, nos
habían anticipado que las balsas eran para cruzar de a 4. Pero la balsa que yo
ví salir antes de la mía, llevaba 10 personas/bicis, razón por la cual cuando
nos tocó el turno a nuestro grupo, éramos 7 u 8 los ocupantes de la famosa
balsa. La balsa parece que era la de Lito Nebbia, por aquello de “con mi balsa
yo me iré a naufragaaaaar…”, porque cuando llegamos a la orilla luego de cruzar
el río, se clavó la proa contra la orilla y se inclinó peligrosamente
comenzando a entrar agua en las dos patas tipo catamarán que se empezaron a
hundir con un final previsible. Y uno, que se siente Di Caprio en el Titanic,
(salvando las diferencias, ya que en lugar de hundirme con mi amada, me hundía
con mi bici, una mina con crisis de nervios y 5 tipos transpirados y llenos de
barro) sólo atinaba a agarrarse de la balsa con una mano y de la bici con la
otra. Una vez que pudimos tirar las bicis en la costa, nos dedicamos entre 5 de
los náufragos a sacar el agua de los flotadores para que los que venían detrás
nuestro pudieran seguir la carrera.
Bueno, superado el mal momento, empezó otro peor. No bien
agarramos la bici, nos esperaba una subida por una barranca barrosa serían algo
así como
El PC2 Colonia Paraíso (para mí “el oasis”), nos esperaba
con 40 minutos de descanso y una fabulosa picada que incluía papas fritas,
chizitos, maníes salados, aceitunas (faltaba la cervecita, pero la felicidad
nunca es completa), y de postre galletitas, frutas varias y todo regado por
agua y gatorei. Allí me alegró encontrarme con Nati y Gago, que iban unos
minutos delante de mí. A continuación, vuelta a la carrera donde nos esperaba
una disciplina que a esta altura resultó refrescante, el hidro speed, especie
de navegación por el Río Uruguay en balsas inflables individuales. Pero tras
esta corta incursión acuática y con el cuerpo bien refrescado, corto running de
vuelta al PC2 donde tomamos la bici para encarar el último tramo ciclístico del
día que duraría unos 30 kms según mi compu. A poco de comenzar, arrancamos con
larguísimas subidas con pendientes lo suficientemente fuertes como para hacerme
bajar de la bici en varias oportunidades. Promediando este tramo, ingresamos a
Colonia Pepirí, con unos hermosos caminos rojos con poca piedra que nos dio un
respiro por algunos kms, atravesamos monte, y campos con unas vistas
alucinantes. Cuando menos me lo esperaba me encuentro con Marcelo buscando a
Nati, a quien yo sin saberlo había pasado y que venía más atrás un poco
disminuida por haber sufrido una caída bastante dura. La esperamos unos
minutos, y seguimos los 3 juntos hasta prácticamente 3 o 4 kms antes de llegar
al campamento. A esta altura ya había oscurecido y era poco y nada lo que se
podía ver del camino con mi linterna de bici.
Allí me despegué un poco de los chicos y llegué al
refugio Moconá, donde dejé la bici y me
esperaba el último running selvático de 3 kms (nocturno). A pesar de ser de
noche, disfruté muchísimo de los últimos metros de este día transitando un
camino que serpenteaba alrededor de un arroyo y de una cascada, con subidas,
bajadas, cruce de arroyo con mojadita de patas incluída, y cruce de arroyo por
puente colgante. Luego me enteré que había superado la amenaza del solitario
mono que asolaba este camino y que aparentemente acosó a mis amigos Keko y Ale.
Los detalles y alcances de este acoso no son motivo de este relato, pidan
precisiones a sus víctimas.
Final con llegada al campamento, feliz, sin dolores ni contratiempos serios,
lo cual es un avance respecto del estado ruinoso con el que recordaba haber
llegado la vez anterior.
El campamento tuvo sus puntos positivos (armado de carpa
sin problemas, espectaculares fideos militares, cena y desayuno con amigos,
fotos varias) y sus puntos flojos (baño con hilo de agua helada, y sonido
esterofónico nocturno envolvente, bah los tipos de las dos carpas a babor y a
estribor roncaban más fuerte que yo!!!). Así llegamos al segundo día de carrera
:
SEGUNDO DIA
Largamos con todas las pilas, por un camino que en su
primera mitad, hasta llegar al cruce del río Yaboty era prácticamente en un 80%
bajada, por lo cual arrancamos el día con toda la onda. Al llegar al Yaboty,
nos esperaba la balsa de hidro speed para hacer el cruce del río. Una vez en la
otra orilla, la que para mí fue una de los tramos más lindos que me haya tocado
correr: un sendero abierto en la selva donde esta vez al ser de día, pudimos
apreciarla en todo su esplendor. Subidas, bajadas, curvas y así hasta salir nuevamente
al camino que nos llevaba en subida al PC4 en camino al Mirador Saltos del
Moconá. En esta oportunidad la dirección de la carrera suspendió el tramo que
llegaba hasta el río Uruguay ya que los saltos estaban tapados por el alto
nivel de las aguas. Marcamos el PC y nueva bajada muy veloz en la cual al ser
camino de ida y vuelta tuve la buena de cruzarme con Nati y Marce que iban delante
de mí, y con Keko y Ale que venían detrás. Corrimos en bajada hasta llegar al
PC5 en el río Yaboty, habiendo completado 14 kms de un running espectacular por
los lugares que atravesamos.
Una vez arriba del kayak, empezamos a navegar por el
Yaboty atravesando dos rápidos más movidos que los del día anterior. Luego a
remar con ritmo suave pero aprovechando lo mejor de la corriente a favor, ya
que nos esperaban 20 kms. A pesar del dolor de tujes, que apareció a la hora de
estar sentado, otra vez a disfrutar de la maravilla del paisaje selvático de
este río y luego de unos pocos kms llegamos al río Uruguay, que a esta altura
tiene un ancho de unos 150/200 mts. La navegación en el Uruguay tenía la
particularidad de que hay sectores en los que la corriente (siempre a nuestro
favor) corría más rápido que en otros. Así nos anduvimos bandeando desde la
costa argentina a la brasilera, o a veces por el medio del río. En algunos
tramos también la corriente formaba remolinos que chupaban a los kayaks y les
torcían fuertemente el rumbo. No faltó quien se diera vuelta en estos
remolinos.
Al completar el
recorrido por el Uruguay arribamos al PC6 de Puerto Paraíso donde nos esperaban
los deseados 40 minutos, y la mesa servida (aunque las aceitunas se habían
terminado, lo cual merece un abucheo).
Me fui indignado por la carencia de aceitunas a cumplir
con el último tramo de la carrera, 40 kms de mountain bike de los cuales 5 eran
de tierra otra vez alternando bajadas y subidas, y luego el tan ansiado asfalto
que comenzaban con 2 subidas de aquellas que te llevan un poco más abajo que el
cielo (pero no mucho). Pero como todo lo que sube baja, después de tanto
sufrimiento llegó la recompensa: las merecidas bajadas en asfalto con
velocidades entre 50 y 60 y pico kms/hora.
Así, después de 6 hs y media en este segundo día, y con
el lagrimón que a todo guapo se le pianta de vez en cuando por todo lo vivido
al llegar al cruce del arco para abrazarme con Nati y Gaguín que me esperaban.
El resto fue esperar a nuestros otros 2 amigos para abrazarnos los 5 y
completar dos días de aventura con el festejo correspondiente.
AGRADECIMIENTOS
A mis amigos y compañeros de esta aventura, con quienes
la pasamos 100 puntos.
A mis profes Marcelo Perotti y Vero, y a Daniela Donadío
cuya voz me retumbaba en la cabeza cada vez que tenía que subir una cuesta.
A las chicas de la organización por la buena onda, el
aliento y las sonrisas que nos regalaron durante los dos días de carrera y la
previa.
A todos mis amigos de Correrayuda y del DD Team por el
aliento que me mandaron antes de la carrera.
Y a Dios, por haberme permitido terminar una carrera sin
caídas (¡¡¡al fin una!!!) y sin pinchaduras (de la bici y mías).
A propósito, me sobraron unas 15 cámaras, si alguien
quiere están en venta……….
